hola ya estoy aqui de nuevo, espero que os gustase el primer capitulo de mi novela...vamos con el siguiente:
capitulo segudo:
Habían pasado unos días de la agresión y mi rostro volvía a tener su aspecto habitual, así que decidí volver a mi trabajo; llamé a mi jefe para comunicarselo, me dijo que si estaba preparada, adelante; así que como digo, me arreglé para ir a la oficina; yo trabajaba en una asociación de inmigrantes; era la secretaria; me encargaba de cobrar las cuotas anuales de los socios, les ayudaba con gestiones diversas, incluso para renovar sus pasaportes. Llevaba al oficina yo sola, ya que mi jefe, el presidente de al asociación; cargo que ostentaba sin cobrar; tenía su propia empresa y aparecía por allí, cuando realmente necesitaba su presencia. Mi horario era de nueve a tres; lo que me dejaba las tardes libres; libres es un decir, ya que echaba una mano a mi hermana en la tienda de antigüedades y una vez por semana, daba clases de español a extranjeros, en un curso organizado por el ayuntamiento.
Cogí mi bolso, las llaves y cerré con llave la puerta de mi casa, bajando en el ascensor hasta la planta baja, en donde el conserje me saludó, amable, mientras sujetaba la puerta. Salí a la acera y el sol y el salitre me dio en la cara, yo aspiré el aroma, abroché mi abrigo y cruzándome el bolso eché a andar hacia mi oficina que estaba en el Molinar, a unos quince minutos. Cuando llegué abrí la puerta, encendí las luces, la calefacción y quitándome el abrigo me senté en mi mesa para oír los mensajes del contestador, mientras encendía mi ordenador; casi sin darme cuenta pasaron casi tres horas, así que hize una pausa y pedí un café por teléfono al bar de enfrente, estaba tomándolo cuando llamaron a la puerta y apareció ante mí, mi poli favorito...el inspector Salgado, envuelto en una cazadora de piel, bufanda de lana y pantalón negro. Yo le sonreí y le invité a sentarse:
-¿Un café?-pregunté
Negó con la cabeza y volvió a sacar su libretita, mirándome a los ojos:
-Siento molestarla de nuevo, pero necesito una lista de los socios, sus telefonos, direcciones...
-Eso me llevará tiempo...y una orden, son datos privados, que no estoy autorizada a dar sin su permiso...
-He hablado con su jefe y no ha puesto ningún reparo-dijo algo ofendido
-Cuando hable con mi jefe-sonreí-le tendré su lista
-Cuanto cree que tardará-dijo mirándome con aquellos ojos azules
-Unos días, son cientos de personas-pausa-Debo consultar mis archivos, hacer copias...en fín-volvi a sonreír. Realmente tardaría poco, tenía todos los datos en el ordenador, era cuestion de imprimir y listo; pero no tenía ganas de ponerle las cosas fáciles...empezaba a gustarme y quería volver a verle
-Le dejo mi número
-Ya lo tengo-le dije mirándole a los ojos y rozándo sin querer su mano
-Este es mi móvil personal-dijo con un carraspeo-Llame cuando lo tenga
-Eso haré
Se levantó y salió despidiéndose y yo pensé que un hombre tan guapo, seguramente estaría comprometido, así que suspiré y llamé a mi jefe para que me diese el visto bueno de la susodicha lista.
Cerró la puerta y fue hasta su coche, encendió un cigarrillo y arrancó hacia comisaría, allí en su oficina, volvió a revisar la declaración de Carmen Seguí, algo no encajaba bien, no estaba mintiendo pero no contaba toda la verdad, ¿porqué?, pronto lo averiguaria.
-Javier-le llamó un compañero
Levantó la vista y respondió:
-Sí, dime
-Han encontrado a otro muerto, puede que esté relacionado con nuestro caso
Javier cogió su chaqueta y salió corriendo de comisaría; llegó al lugar del crimen; el cuerpo estaba en el suelo, junto a unos contenedores de basura, en un callejón, en la parte trasera de un restaurante; el forense ya estaba allí, fue el quien les puso en situación:
-Unos 25 años, de raza negra, golpeado hasta morir, lo situaremos entre las tres y las cinco de la mañana
-Con que le golpearon?-preguntó el inspector
-Un objeto romo, pesado, un bate tal vez...cuando le haga la autopsia sabremos algo más.
-Igualito que el otro-le dijo su compañero-agachándose junto al cuerpo
-Eso creo yo también-suspiró-Habrá que hablar de nuevo con la señorita Seguí
-¿Crees que nos oculta algo?
-No lo se, lo que si se es que sabe más de lo que dice.
Subieron al coche y salieron de allí.
lunes, 28 de diciembre de 2009
sábado, 26 de diciembre de 2009
hola y feliz navidad... bien vamos con el primer capitulo de mi novela...que aun no tiene titulo
Cuando mire el reloj eran casi las tres de la tarde, que era cuando terminaba mi jornada laboral, así que empece a apagar el ordenador, conectar el contestdor automatico y apagar las luces; cogí mi bolso, el abrigo y con las llaves enla mano fue hacia la puerta y en ese mismo momento entró un tío encapuchado que me empujó hacia mi mesa, me tapó la boca y nariz y pude oler el sudor a traves de sus guantes de piel; me sujetó por los hombros y acercó su boca a mi oído; yo estaba helada, el corazón me latía a mil por hora...ya veía los titulares "secretaria despedazada tras haber sido violada por un psicópata"...intenté zafarme pataleando y dando manotazos, pero entonces me suejtó aún más fuerte y susurró:
-Cuando la poli te pregunte, procura tener mala mermoria
Yo estaba aterrada, pero aún así, me pregunté de que hablaba, ¿la poli?, no entendía nada, y el bruto siguió hablando:
-Si no quieres acabar como uno de los negritos, procura tener muy mala memoria
A pesar de mi terror pude murmurar:
-No se de que me habla-lo dije con un hilo de voz. Entonces escuché una risa forzada y vovlió a hablarme:
-Ya lo sabrás-dicho lo cual me sujetó por el cuello del abrigo y me soltó uno puñetazo, sintiendo que la nariz me estallaba, un zumbido en la cabeza y el golpetazo al caer al suelo; cuando toqué las frias baldosas ya había perdido el sentido; lo siguiente fue despertarme, con un dolor de cabeza brutal, en una cama de hospital, llevando uno de esos horribles camisones de la seguridad social.
Entonces oí una voz que me parecíó muy lejana que decía:
-¿Cómo estás?-pausa-¿puedes oirme?
Abrí los ojos, pero aquel simple gesto hizo que millones de clavos se incrustasen en mi cerebro, haciéndome emitir un gemido de dolor. Vi a quien supuse un medico, ya que llevaba una bata blanca y un estetoscopio colgando del cuello:-Ya se que te duele, pero tranquila, te vamos a
poner un calmante
Yo mire mi brazo y vi que llevaba suero, intenté tocarme la cara con la otra mano, y tropezé con un aparatoso vendaje que cubría mi nariz, que me dolía tanto como la cabeza; intenté hablar y creo que dije algo como que me ha pasado, pero con voz gangosa, por el vendaje; el médico me dijo que la nariz no estaba rota y que la enfermera, que acababa de entrar, me pondría el calmante. Era una mujer de una cincuentena, con sonrisa encantadora, que me dijo que pronto me encontraría mejor, pero que debería pasar la noche en observación, también me dijo que habían avisado a mi familia y que podían entrar a verme.
Se abrió la puerta suavemente y entró mi familia, la única que tenía, mi hermana mayor, Teresa.
-Cómo estás, peque-seguía llamandome así, a pesar de que yo ya había cumplido los treinta años
-Bien-dije-pero tengo un dolor de cabeza espantoso
-El médico ha dicho que en unos días estarás mejor, la nariz no se ha roto, así que te quedará como antes...grande y fea-rió
Yo sonreí, pero solo me salió una mueca por el dolor que me produjo
-Creo que mañana, cuando estés mejor, deberías poner la denuncia-se sentó en la cama, junto a mi-No servirá de nada, pero...
Yo asentí con la cabeza, empezaba a notar los efectos del calmante y me quedé dormida. Desperté al día siguiente y mi hermana seguía allí, tumbada en las incómodas butacas, cubierta con una manta y descalza; estaba claro que había pasado allí la noche. Intenté levantarme para coger el timbre y llamar a la enfermera para preguntarle si podía ducharme; me dijo que sí y que seguramente me darían el alta; en ese momento se despertó Teresa.
Nos fuímos en su coche, un audi, a poner la denuncia de mi asalto. Nos atendió un jovencito recién salido de la academia, muy educado, que cursó la denuncia, diciendo que harían todo lo posible por encontrarle, mi hermana y yo sonreímos y salimos de allí hacia casa. Yo vivía en un piso cerca del paseo marítimo, un apartamento de una habitación con unas vistas preciosas a la bahía; vivía sola, al contrario que Teresa, que vivía con su novio, Carlos, un periodista encantador, que nos adoraba a las dos. Teresa insitió en quedarse conmigo esa noche, pero yo no se lo permití; me encontraba bien y pensaba ir a trabajar en unos días, lo mejor era reemprender las actividades normales cuanto antes. Comimos juntas y por la tarde, insistí para que se fuese a su casa, prometiendo llamarla en unas horas; cuando me quedé sola, me di un baño, encendiendo unas velas, poniendo música suave; tras el cual, me acosté hasta el día siguiente.
Cuando me levanté, me fui a mirar en el espejo del baño; la verdad es que mi aspecto no era genial, pero estaba mejor de lo que podía pensarse despues del puñetazo de aquel bestia. La nariz algo hinchada, un buen golpe y los ojos enrojecidos; me lavé los dientes y entonces oí el teléfono sonar:
-Sí-contesté con mi voz nasal
-Buenos días, soy el inspector Salgado de la policía-pausa-Me gustaría hacerle unas preguntas, si se encuentra ud. bien...
-Ahora-pregunté-Está bien, cuando quiera. Supongo que ya sabe mi dirección...igual que mi numero...
-Soy la policía-y distinguí un deje de humor en su respuesta, que me hizo sonreir
quince minutos mas tarde llamaban a mi puerta, abrí y frente a mí un hombre alto, rubio, vestido de oscuro, le sonreí y al devolverme la sonrisa, pensé que era el hombre más guapo que había visto en mi vida...mierda!! y yo con estas pintas...
Le invité a pasar y se sentó en el sofá, le ofrecí café, que rechazó y sacando una libreta, empezó a hablar:
-Se llama ud. Carmen Seguí, nacida en Palma de Mallorca, hace treinta años; tiene una hermana mayor, y sus padres murieron en accidente de coche, cuando ud. era muy pequeña.
Yo asentí
-Cuénteme lo sucedido
Yo repetí lo que había escrito en la declaración
-No recuerda nada más, algún detalle, no sé algo...
-Lo siento-me disculpe sonriendo-Estaba muy asustada
-Comprendo-hizo una pausa, en la cual pareció pensarse si contarme algo o no, suspiró y al fin lo hizo:-Conoce ud. a Mamadu Diop
Por supuesto que le conocía, era uno de los miembros de la asociación en la que yo trabajaba.
-Sí, claro-dije algo extrañada.
-Fue encontrado muerto anoche
Me quedé sin aliento, echándome a llorar, desconsolada. El inspector se acercó a mí disculpando la forma en que me había dado la noticia
-Perdone, soy un bruto
Yo seguía llorando, Dios mío, que había pasado, un accidente
-Fue asesinado
-ASESINADO-grité-Esto es de locos... pero si era un vendedor ambulante, asesinado? no lo puedo creer
El policía me tendió un pañuelo, enjugué mis lágrimas y seguí hablando
-Tiene que haber un error, como van a asesinar a un pobre vendedor, que venía de su país a ganarse la vida...iba a traer a su mujer y a su hijo...
Me enseñó una foto que sacó del bolsillo:
-Es este?
No había duda, era el.
-Aún no sabemos el motivo, pero creemos que puede estar implicado en una red de tráfico de inmigrantes
-!Qué tontería¡-no podía creerlo, por mucho que aquel policía lo acusase...no era verdad
-Si recuerda algo más-me tendió su tarjeta-llameme. Puso en pie su gran estatura y volvió a sonreirme:-Buenos días. Le acompañé hasta la puerta y cuando se hubo ido, empezé a entender porque aquel bruto que casi me rompió la nariz, me dijo que tuviese mala memoría cuando hablase con la policía...¿en que lío le habrían metido?
Esa misma tarde, varias veces estuve a punto de llamar al inspector y contarle lo que me había dicho aquel bestia, pero otras tantas veces me arrepentí. ¿Qué debía hacer? estaba hecha un lío...lo mejor sería esperar unos días y cuando volviese al trabajo hablar con mi jefe...eso haría.
Cuando mire el reloj eran casi las tres de la tarde, que era cuando terminaba mi jornada laboral, así que empece a apagar el ordenador, conectar el contestdor automatico y apagar las luces; cogí mi bolso, el abrigo y con las llaves enla mano fue hacia la puerta y en ese mismo momento entró un tío encapuchado que me empujó hacia mi mesa, me tapó la boca y nariz y pude oler el sudor a traves de sus guantes de piel; me sujetó por los hombros y acercó su boca a mi oído; yo estaba helada, el corazón me latía a mil por hora...ya veía los titulares "secretaria despedazada tras haber sido violada por un psicópata"...intenté zafarme pataleando y dando manotazos, pero entonces me suejtó aún más fuerte y susurró:
-Cuando la poli te pregunte, procura tener mala mermoria
Yo estaba aterrada, pero aún así, me pregunté de que hablaba, ¿la poli?, no entendía nada, y el bruto siguió hablando:
-Si no quieres acabar como uno de los negritos, procura tener muy mala memoria
A pesar de mi terror pude murmurar:
-No se de que me habla-lo dije con un hilo de voz. Entonces escuché una risa forzada y vovlió a hablarme:
-Ya lo sabrás-dicho lo cual me sujetó por el cuello del abrigo y me soltó uno puñetazo, sintiendo que la nariz me estallaba, un zumbido en la cabeza y el golpetazo al caer al suelo; cuando toqué las frias baldosas ya había perdido el sentido; lo siguiente fue despertarme, con un dolor de cabeza brutal, en una cama de hospital, llevando uno de esos horribles camisones de la seguridad social.
Entonces oí una voz que me parecíó muy lejana que decía:
-¿Cómo estás?-pausa-¿puedes oirme?
Abrí los ojos, pero aquel simple gesto hizo que millones de clavos se incrustasen en mi cerebro, haciéndome emitir un gemido de dolor. Vi a quien supuse un medico, ya que llevaba una bata blanca y un estetoscopio colgando del cuello:-Ya se que te duele, pero tranquila, te vamos a
poner un calmante
Yo mire mi brazo y vi que llevaba suero, intenté tocarme la cara con la otra mano, y tropezé con un aparatoso vendaje que cubría mi nariz, que me dolía tanto como la cabeza; intenté hablar y creo que dije algo como que me ha pasado, pero con voz gangosa, por el vendaje; el médico me dijo que la nariz no estaba rota y que la enfermera, que acababa de entrar, me pondría el calmante. Era una mujer de una cincuentena, con sonrisa encantadora, que me dijo que pronto me encontraría mejor, pero que debería pasar la noche en observación, también me dijo que habían avisado a mi familia y que podían entrar a verme.
Se abrió la puerta suavemente y entró mi familia, la única que tenía, mi hermana mayor, Teresa.
-Cómo estás, peque-seguía llamandome así, a pesar de que yo ya había cumplido los treinta años
-Bien-dije-pero tengo un dolor de cabeza espantoso
-El médico ha dicho que en unos días estarás mejor, la nariz no se ha roto, así que te quedará como antes...grande y fea-rió
Yo sonreí, pero solo me salió una mueca por el dolor que me produjo
-Creo que mañana, cuando estés mejor, deberías poner la denuncia-se sentó en la cama, junto a mi-No servirá de nada, pero...
Yo asentí con la cabeza, empezaba a notar los efectos del calmante y me quedé dormida. Desperté al día siguiente y mi hermana seguía allí, tumbada en las incómodas butacas, cubierta con una manta y descalza; estaba claro que había pasado allí la noche. Intenté levantarme para coger el timbre y llamar a la enfermera para preguntarle si podía ducharme; me dijo que sí y que seguramente me darían el alta; en ese momento se despertó Teresa.
Nos fuímos en su coche, un audi, a poner la denuncia de mi asalto. Nos atendió un jovencito recién salido de la academia, muy educado, que cursó la denuncia, diciendo que harían todo lo posible por encontrarle, mi hermana y yo sonreímos y salimos de allí hacia casa. Yo vivía en un piso cerca del paseo marítimo, un apartamento de una habitación con unas vistas preciosas a la bahía; vivía sola, al contrario que Teresa, que vivía con su novio, Carlos, un periodista encantador, que nos adoraba a las dos. Teresa insitió en quedarse conmigo esa noche, pero yo no se lo permití; me encontraba bien y pensaba ir a trabajar en unos días, lo mejor era reemprender las actividades normales cuanto antes. Comimos juntas y por la tarde, insistí para que se fuese a su casa, prometiendo llamarla en unas horas; cuando me quedé sola, me di un baño, encendiendo unas velas, poniendo música suave; tras el cual, me acosté hasta el día siguiente.
Cuando me levanté, me fui a mirar en el espejo del baño; la verdad es que mi aspecto no era genial, pero estaba mejor de lo que podía pensarse despues del puñetazo de aquel bestia. La nariz algo hinchada, un buen golpe y los ojos enrojecidos; me lavé los dientes y entonces oí el teléfono sonar:
-Sí-contesté con mi voz nasal
-Buenos días, soy el inspector Salgado de la policía-pausa-Me gustaría hacerle unas preguntas, si se encuentra ud. bien...
-Ahora-pregunté-Está bien, cuando quiera. Supongo que ya sabe mi dirección...igual que mi numero...
-Soy la policía-y distinguí un deje de humor en su respuesta, que me hizo sonreir
quince minutos mas tarde llamaban a mi puerta, abrí y frente a mí un hombre alto, rubio, vestido de oscuro, le sonreí y al devolverme la sonrisa, pensé que era el hombre más guapo que había visto en mi vida...mierda!! y yo con estas pintas...
Le invité a pasar y se sentó en el sofá, le ofrecí café, que rechazó y sacando una libreta, empezó a hablar:
-Se llama ud. Carmen Seguí, nacida en Palma de Mallorca, hace treinta años; tiene una hermana mayor, y sus padres murieron en accidente de coche, cuando ud. era muy pequeña.
Yo asentí
-Cuénteme lo sucedido
Yo repetí lo que había escrito en la declaración
-No recuerda nada más, algún detalle, no sé algo...
-Lo siento-me disculpe sonriendo-Estaba muy asustada
-Comprendo-hizo una pausa, en la cual pareció pensarse si contarme algo o no, suspiró y al fin lo hizo:-Conoce ud. a Mamadu Diop
Por supuesto que le conocía, era uno de los miembros de la asociación en la que yo trabajaba.
-Sí, claro-dije algo extrañada.
-Fue encontrado muerto anoche
Me quedé sin aliento, echándome a llorar, desconsolada. El inspector se acercó a mí disculpando la forma en que me había dado la noticia
-Perdone, soy un bruto
Yo seguía llorando, Dios mío, que había pasado, un accidente
-Fue asesinado
-ASESINADO-grité-Esto es de locos... pero si era un vendedor ambulante, asesinado? no lo puedo creer
El policía me tendió un pañuelo, enjugué mis lágrimas y seguí hablando
-Tiene que haber un error, como van a asesinar a un pobre vendedor, que venía de su país a ganarse la vida...iba a traer a su mujer y a su hijo...
Me enseñó una foto que sacó del bolsillo:
-Es este?
No había duda, era el.
-Aún no sabemos el motivo, pero creemos que puede estar implicado en una red de tráfico de inmigrantes
-!Qué tontería¡-no podía creerlo, por mucho que aquel policía lo acusase...no era verdad
-Si recuerda algo más-me tendió su tarjeta-llameme. Puso en pie su gran estatura y volvió a sonreirme:-Buenos días. Le acompañé hasta la puerta y cuando se hubo ido, empezé a entender porque aquel bruto que casi me rompió la nariz, me dijo que tuviese mala memoría cuando hablase con la policía...¿en que lío le habrían metido?
Esa misma tarde, varias veces estuve a punto de llamar al inspector y contarle lo que me había dicho aquel bestia, pero otras tantas veces me arrepentí. ¿Qué debía hacer? estaba hecha un lío...lo mejor sería esperar unos días y cuando volviese al trabajo hablar con mi jefe...eso haría.
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