lunes, 28 de diciembre de 2009

hola ya estoy aqui de nuevo, espero que os gustase el primer capitulo de mi novela...vamos con el siguiente:
capitulo segudo:
Habían pasado unos días de la agresión y mi rostro volvía a tener su aspecto habitual, así que decidí volver a mi trabajo; llamé a mi jefe para comunicarselo, me dijo que si estaba preparada, adelante; así que como digo, me arreglé para ir a la oficina; yo trabajaba en una asociación de inmigrantes; era la secretaria; me encargaba de cobrar las cuotas anuales de los socios, les ayudaba con gestiones diversas, incluso para renovar sus pasaportes. Llevaba al oficina yo sola, ya que mi jefe, el presidente de al asociación; cargo que ostentaba sin cobrar; tenía su propia empresa y aparecía por allí, cuando realmente necesitaba su presencia. Mi horario era de nueve a tres; lo que me dejaba las tardes libres; libres es un decir, ya que echaba una mano a mi hermana en la tienda de antigüedades y una vez por semana, daba clases de español a extranjeros, en un curso organizado por el ayuntamiento.
Cogí mi bolso, las llaves y cerré con llave la puerta de mi casa, bajando en el ascensor hasta la planta baja, en donde el conserje me saludó, amable, mientras sujetaba la puerta. Salí a la acera y el sol y el salitre me dio en la cara, yo aspiré el aroma, abroché mi abrigo y cruzándome el bolso eché a andar hacia mi oficina que estaba en el Molinar, a unos quince minutos. Cuando llegué abrí la puerta, encendí las luces, la calefacción y quitándome el abrigo me senté en mi mesa para oír los mensajes del contestador, mientras encendía mi ordenador; casi sin darme cuenta pasaron casi tres horas, así que hize una pausa y pedí un café por teléfono al bar de enfrente, estaba tomándolo cuando llamaron a la puerta y apareció ante mí, mi poli favorito...el inspector Salgado, envuelto en una cazadora de piel, bufanda de lana y pantalón negro. Yo le sonreí y le invité a sentarse:
-¿Un café?-pregunté
Negó con la cabeza y volvió a sacar su libretita, mirándome a los ojos:
-Siento molestarla de nuevo, pero necesito una lista de los socios, sus telefonos, direcciones...
-Eso me llevará tiempo...y una orden, son datos privados, que no estoy autorizada a dar sin su permiso...
-He hablado con su jefe y no ha puesto ningún reparo-dijo algo ofendido
-Cuando hable con mi jefe-sonreí-le tendré su lista
-Cuanto cree que tardará-dijo mirándome con aquellos ojos azules
-Unos días, son cientos de personas-pausa-Debo consultar mis archivos, hacer copias...en fín-volvi a sonreír. Realmente tardaría poco, tenía todos los datos en el ordenador, era cuestion de imprimir y listo; pero no tenía ganas de ponerle las cosas fáciles...empezaba a gustarme y quería volver a verle
-Le dejo mi número
-Ya lo tengo-le dije mirándole a los ojos y rozándo sin querer su mano
-Este es mi móvil personal-dijo con un carraspeo-Llame cuando lo tenga
-Eso haré
Se levantó y salió despidiéndose y yo pensé que un hombre tan guapo, seguramente estaría comprometido, así que suspiré y llamé a mi jefe para que me diese el visto bueno de la susodicha lista.

Cerró la puerta y fue hasta su coche, encendió un cigarrillo y arrancó hacia comisaría, allí en su oficina, volvió a revisar la declaración de Carmen Seguí, algo no encajaba bien, no estaba mintiendo pero no contaba toda la verdad, ¿porqué?, pronto lo averiguaria.
-Javier-le llamó un compañero
Levantó la vista y respondió:
-Sí, dime
-Han encontrado a otro muerto, puede que esté relacionado con nuestro caso
Javier cogió su chaqueta y salió corriendo de comisaría; llegó al lugar del crimen; el cuerpo estaba en el suelo, junto a unos contenedores de basura, en un callejón, en la parte trasera de un restaurante; el forense ya estaba allí, fue el quien les puso en situación:
-Unos 25 años, de raza negra, golpeado hasta morir, lo situaremos entre las tres y las cinco de la mañana
-Con que le golpearon?-preguntó el inspector
-Un objeto romo, pesado, un bate tal vez...cuando le haga la autopsia sabremos algo más.
-Igualito que el otro-le dijo su compañero-agachándose junto al cuerpo
-Eso creo yo también-suspiró-Habrá que hablar de nuevo con la señorita Seguí
-¿Crees que nos oculta algo?
-No lo se, lo que si se es que sabe más de lo que dice.
Subieron al coche y salieron de allí.

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