domingo, 24 de enero de 2010

Hola ya estoy aquí...con las tormentas y la nieve, he estado sin conexión a internet, pero ya vuelvo a estar conectada...en unos días seguimos con el capítulo sexto...adios, besos

viernes, 8 de enero de 2010

Ya estoy aquí otra vez…espero no aburriros mucho…allá voy con el quinto capitulo



Era un sábado soleado de invierno y a mí me pareció un día maravilloso, sobre todo al darme la vuelta en la cama y encontrar al inspector Salgado, durmiendo junto a mí. Había sido una noche inolvidable, Javier había resultado ser un buen amante, apasionado y pendiente de mí. Por eso cuando me miré en el espejo la sonrisa me corría de oreja a oreja; empecé a lavarme los dientes cuando Javier entró en el baño, desnudo, algo despeinado y soñoliento, me tomó por la cintura y me dio un beso en la nuca, tras lo que se metió en la ducha, diciendo que aunque era sábado, tenía trabajo en comisaría.

-Lo siento, guapa-me dio una palmadita en el culo y empezó a ducharse mientras yo fui a preparar un poco de café, que nos tomamos de pie, en la cocina, mientras volvía a besarme y con una sonrisa, prometía llamarme en cuanto pudiese desocuparse.

Yo miré el reloj, aún era temprano, así que también tomé una ducha y después, me senté frente al ordenador para ver mi correo; me vestí y llamé a Ana, para preguntarle por Amadú, ya que estando en UCI, no podíamos visitarle. Seguía grave, y los médicos aún temían por su vida…mierda!, que injusta era la vida; yo parecía haber encontrado alguien especial y el pobre chaval entre la vida y la muerte, mientras su novia esperaba un milagro. Cogí el teléfono y llamé a mi hermana, no tenía ganas de cocinar, así que autoinvité; salí de casa, en una panadería cercana, compré unos pasteles y fui a casa de mi hermana. Carlos había salido a correr; así que las dos solas, en la cocina, frente a unas cervezas y unas aceitunas, empecé a contarle lo de la noche anterior.

-Vaya, así que no es tan borde como parecía-rió mi hermana

-Ha sido encantador-hice una pausa y encendí dos cigarrillos pasándole uno a mi hermana-Aunque esta mañana tenía que trabajar

-¿Vas a verle esta tarde?

-Supongo-pausa-Me llamará cuando pueda…si me llama

-Claro, tonta-rió Teresa-Ahora llega Carlos-dijo al oír la puerta-Estamos en la cocina

Entro Carlos, sudoroso, besó a mi hermana en los labios y a mí en la mejilla:

-Voy a ducharme-y salió de la cocina, guiñando un ojo a mi hermana

-¿Qué vas a hacer de comer?-pregunté, para cambiar de tema

-Paella-me contestó con una sonrisa

Estábamos tomando café, cuando sonó mi móvil, era Javier, se le había complicado el día y no podríamos vernos

-Mañana te llamo, guapa-me dijo-Besos

-Besos-contesté y colgué el teléfono, algo en mi cara le demostró a mi hermana que no estaba contenta

-Te pasa algo-no era una pregunta, era una afirmación

-Se le ha complicado el día, me llamará mañana-lo dije bajito, casi con tristeza

-Estás bien?-inquirió Carlos

-Sí, sí-intenté sonreír-Una tarde de tiendas y lista

El inspector Salgado, cortó la llamada y se quedó mirando el móvil, lo dejó sobre la mesa y encendió un cigarrillo; no le gustaba lo que estaba haciendo, porque había hecho caso a su compañero? “esa chica está muerta de miedo, déjale espacio…o sedúcela…pero no la presiones” eso era lo que había hecho, seducirla…para qué? Ya le había contado todo lo sucedido, la amenaza del matón, como entró en su casa…no sabía nada más, o es que esperaba que volviesen a amenazarla para coger a ese tipo…eso era lo más rastrero que había pensado en su vida…y lo peor era que estaba a punto de hacerlo, estar cerca para descubrir más cosas…dios mío, era un cerdo, Carmen era una buena chica…

-Necesito resolver el caso-se dijo bajito, como si aquello lo justificase todo.

En ese mismo momento sonó su teléfono, le llamaban de comisaría, el joven senegalés Amadú, parecía haber salido de la extrema gravedad, y lo habían pasado a planta esa misma tarde.

-Voy para allá-se puso una chaqueta y salió de su casa, tomando el coche hasta Son Dureta. Allí haciendo uso de su placa, entró a ver al joven. Su novia estaba allí, en una butaca, velando su sueño. Le habló bajito:

-No le moleste, aún está muy mal.

-Cuando se despierte necesito hablar con él, sin su testimonio, no cogeremos a los bestias que le hicieron esto.

-Lo sé-dijo Ana-Pero ahora no puede hablar

Salgado le tendió una tarjeta y le escribió en el anverso su número de móvil:

-Este es mi numero privado, llámame es urgente

Ana le sonrió levemente y Salgado salió de la habitación, estaba nervioso, si aquel joven no podía decirles nada, el caso se iría a la mierda, no cogerían a nadie y se archivaría sin resolver…mierda! Miró su reloj de pulsera, eran casi las ocho, así que fue hasta la cafetería para comer algo; pensaba pasar allí la noche por si sucedía el milagro. Tomó el café para llevar y se sentó en una butaca, en el pasillo, cerca de la habitación del joven Amadú y con un periódico, se dispuso a esperar.

Al día siguiente, después de pasar el médico; el cual le dijo que ni hablar de interrogatorios, y que aunque fuese policía, le echaría de la planta:

-Oiga, doctor, necesito...

-Y mi paciente necesita reposo; me importa un bledo que sea ud policía, puedo hacer que le echen

-Eso habría que verlo

-Ustedes no cambian nunca, verdad-sonrió irónico-siguen siendo una panda de violentos caciques que usan su placa para intimidar, cerdos-casi escupió, yendo pasillo abajo para visitar a otros pacientes.

El inspector Salgado, se mesó los cabellos y al pasarse la mano por el mentón, se dio cuenta de que necesitaba un buen afeitado, una ducha…y tal vez unas horas de sueño; entró a decirle a Ana que se iba unas horas y salió de la planta, rumbo a su casa, donde tras una ducha reparadora, se echó a dormir.

-No tenemos nada-dijo el hombre haciendo una pausa-Tres negros muertos y no hemos conseguido encontrar ni la droga ni el dinero

-Tienen que…

-Cállate-encendió un habano y tras exhalar el humo siguió hablando-Hay que registrar la casa del último negro…a fondo, esperáis a que su compañero se largue; poned especial atención en las cosas del muerto, el tal Diop, encontradlo…aunque tengáis que levantar los cimientos…

-Sí, no se preocupe-dijo el joven de las dr. Martens-salió del coche y se perdió entre unas callejuelas.

El hombre que estaba sentado en el asiento trasero, dio una dirección al chófer y cogió su teléfono móvil para hacer una llamada

-Soy yo-dijo sin más-Ve hasta la asociación, allí le dices que necesitas alguien para el servicio, y procuras que te de la dirección de la joven-pausa-Ella puede que sepa algo-y colgó

Carmen estaba sentada frente a su ordenador, trabajando, cuando entró en la oficina un hombre bien trajeado, oliendo a perfume caro:

-Buenos días-saludó cortés

-Buenos días, siéntese-le indicó una silla frente a su mesa

-Hace poco que mi esposa y yo nos hemos mudado a Palma y necesito personal de servicio, me han dicho que ustedes pueden ayudarme

Carmen sonrió profesional:

-Lo que hacemos es proporcionarle una entrevista, aquí mismo, nosotros solo mediamos, entre ustedes queda el tipo de contrato y el sueldo

El hombre sonrió, encantador:

-Pero sí podrá aconsejarme

Carmen sonrió también:

-Eso sí, dígame que personal necesita y yo veré de conseguirle buena gente.

-Limpieza, jardín, nada especial, pero que sean serias, yo viajo mucho y mi esposa está poco tiempo en casa-hizo una pausa-Una vecina nos dijo que tenía una chica externa de la que estaba muy contenta…cerró los ojos en gesto pensativo-Sofie, creo que dijo

-Tenemos varias-sonrió Carmen

-Veinte años, soltera, vive con su hermano

-Ah, sí-pausa-Veré si tiene disponibilidad

-Estaría muy agradecido-volvió a sonreír, sacando una tarjeta de su bolsillo-Aquí puede localizarme

Carmen echó un vistazo:

-De acuerdo, señor Velasco-se levantó, apretando la mano que le tendió y acompañándole a la puerta-Buenos días

-Un placer

Dos horas después había localizado a Sofie y a otras dos chicas que buscaban trabajo y a dos jóvenes para el jardín; habían quedado en pasarse por la oficina para la entrevista, que se realizaría en dos días, cosa que agradó al señor Velasco; quien hizo una llamada desde su coche:

-Todo listo-pausa-Dos días-y colgó. Se dirigió a su chófer:-A casa

-Bien, señor-y puso rumbo a las afueras de la ciudad.

martes, 5 de enero de 2010

Allá voy con el cuarto capítulo, que espero que os guste:

Aquella noche no pudo dormir, se levantó a fumar un cigarrillo en el balcón; notando la fresca brisa marina; no podía dejar de pensar en el inspector Salgado. No solamente por su belleza física, sino porque empezaba a gustarle; le gustaba su sonrisa, su forma de hablarle, su sencillez…aunque él no parecía estar por la labor; era amable, educado, encantador…pero nada más…tal vez sólo era ella quien estaba interesada…apagó el cigarrillo y entró en la casa, a oscuras, cuando un rumor la hizo detenerse, escuchó atentamente…no era nada, tal vez el gato de su vecina, que se colaba de un balcón a otro y que alguna vez había encontrado en su cocina. Encendió una lamparilla y una mano rozó la suya, haciéndola gritar de miedo, una mano tapó su boca y oyó una risa en su oído:

-Lo estás haciendo muy bien, guapa-le susurró-Sigue así y no volverás a verme en tu vida-y le dio un beso en la mejilla; entonces notó una mano hacia su pecho, y una sonrisa de nuevo; aquella mano bajó hasta su cintura ante el terror de Carmen; pero no pasó de ahí, la tomó por las mejillas y le dio un beso en la boca diciéndole:

-Sigue así, preciosa-y salió como había entrado, sin hacer ruido, mientras Carmen, empezó a llorar, rodando hasta el suelo, donde se quedó temblando.

Había quedado con una amiga para comer, era la agente inmobiliaria, se llamaba Ester, y éramos amigas desde el colegio. Yo estaba bastante atemorizada y no quería hablar con mi hermana, así que decidí contárselo todo a ella:

-Tienes que hablar con la policía, ellos te protegerán-le dijo asustada-Por dios, dime que lo harás

-Ester, no lo sé-dije mientras apagaba mi cigarrillo-Y si no pueden hacer nada…prefiero no decir nada…y ya veremos

-Ya veremos?-pausa para encender un cigarrillo-Están matando gente…gente que tú conoces, pobres, que seguro no tienen culpa…habla con ese inspector

-Supongo que es lo que debería hacer-pero yo no estaba muy convencida de que fuese la mejor opción-Estoy muerta de miedo, no se si es peor decirlo o no.

Hizo una seña al camarero y nos trajeron otros dos cortados, mientras encendíamos el enésimo cigarrillo:

-Ya verás que te sentirás mejor-me dijo convencida

-Eso espero-hice una pausa-Me acompañarás?

-Claro, tonta-dijo riendo-Ahora mismo llamo al trabajo y digo que llegaré más tarde-tras hacer la llamada, inclinó la cabeza y con un tono de voz más bajo inquirió:-¿Y realmente es tan guapo?

Yo sonreí ampliamente:

-Aún más-y reímos las dos, a pesar de todo.

Salimos del restaurante y cogimos un taxi hasta comisaría, allí preguntamos por el inspector Salgado y en cuánto empecé a contárselo , su cara empezó a cambiar a marchar forzadas, estupefacción ante mi ocultación de detalles y enfado por mi insensatez…me echó una buena bronca que yo escuché sin interrumpirle; tras la cual, serenándose, empezó a preguntar:

-Quiero todos los detalles y esta vez palabra por palabra…todo…he dicho todo

Yo le relaté los hechos desde el día que me atacaron en la oficina, hasta la pasada noche, sin omitir nada; cuando llegué al punto en que me metió mano, ya estaba realmente furioso:

-Te mereces lo que te pasa-pausa en la que se mesó los cabellos-No, te mereces aún más…dios mío…estás loca…

Las dos sonreímos y se quedó estupefacto:

-Es que no dais importancia a nada? Os parece un juego?

Entonces Ester le dijo:

-Es que te hemos visto tan furioso…

-Que os ha hecho gracia

Las dos volvimos a sonreír:

-Pues sí-dijo Ester

Nos miró como si quisiese asesinarnos, bufó y salió de la sala de interrogatorios dando un portazo, dejándonos allí, sin poder contener la risa, provocado a buen seguro por los nervios y el miedo, pero risa al fin y al cabo. En unos minutos vino su compañero y nos dijo que podíamos irnos, que si necesitaban algo de mí, me avisarían; así que nos fuimos y cuando estábamos en la calle dije:

-Creo que nos hemos pasado

-Es que no he podido controlar la risa, normalmente no me pasa, no suelo reírme en la cara de la gente…-y rió de nuevo y yo le hice coro.

Salió de su casa para ir a trabajar, había encontrado trabajo en un supermercado, de reponedor, por lo menos trabajaría bajo techo, no vendiendo en la calle. Estaba contento, por fin tendría sus papeles en regla y podría traer a su madre, la pobre estaba muy enferma y en Senegal era difícil curarla.

-Vaya, que sonriente, negrito-era el chaval que hacía un par de noches le había agredido, con dos compañeros

-No quiero líos, me voy a trabajar

-Ya tienes curro, que bien-le sonrió cruel-Pero aún así, vas a tener líos-pausa-A mi jefe no le gusta tu actitud…además necesita lo que tu tienes…

-Ya te dije, yo no tengo nada, no sé nada-intentaba irse, pero el chaval lo cogió por un brazo

-No te creo, negrito. Tú eras amigo del negro…tienes que saber algo

-Yo no sé, y mi amigo tampoco sabía…él está muerto, pero él no sabía…

-Ya me estás hartando-le tomó del cuello de la chaqueta-La droga ha desaparecido, no estaba en casa de ninguno de tus amigos, así que tienes que tenerla tú

-No tengo nada, ni dinero, ni droga, ni sabía nada, por favor, necesito trabajar para mis papeles…

-Hemos tenido mucha paciencia contigo-y sacando una navaja, se la clavó en el estómago un par de veces y huyó de allí corriendo, dándolo por muerto.

Una mujer salió del portal del mismo edificio donde vivía el senegalés, ya era de noche y sacaba la basura, cuando a pocos metros, le pareció ver un bulto, se acercó y vio al joven, lleno de sangre, inerte, gritó y salió corriendo hacia el edificio, pidiendo ayuda.

-Esa mujer lo encontró-dijo un agente uniformado

-Gracias-contestó Salgado yendo hacia ella-Buenas noches, soy el inspector Salgado

-María Gómez-sollozó

-Ud. Fue quien le encontró

-Pobrecito, allí tirado como un perro-pausa-Llamé pidiendo auxilio y desde el teléfono de un vecino llamé a una ambulancia

-Hacía mucho que vivía aquí

-Unos siete meses, vivían otros dos chicos, pero uno se fue. Era muy simpático, nunca daba problemas. Cree que se salvará?

-Está muy grave-le sonrió-No vio ud. A nadie rondando, alguien que no fuese del barrio

-Lo siento, no vi a nadie, y tengo que sentarme, sufro de artrosis y no puedo estar más de pie

-Sí, por supuesto, un agente la ayudará-indicó señalando a una policía de uniforme, que la ayudó a llegar a su casa.

-Esperemos que se salve, sino…mierda! No tenemos nada sólido, nada a que agarrarnos…

-Esperemos unos días, si vive, algo nos podrá decir

-Si le han amenazado no dirá nada

-Inspector!-oyó como le llamaban, dándose la vuelta, vio a una policía que sostenía una navaja manchada de sangre

-Seguramente no tendrá huellas, pero llévelo a criminalística

-Sí, jefe-contestó al chica

-Tal vez el modelo de la navaja no se demasiado usual-dijo su compañero

-Esperemos

Recibí la noticia por teléfono, me la dio mi jefe en persona; Amadú estaba en el hospital, debatiéndose entre la vida y la muerte; colgué el teléfono y paré un taxi mientras las lágrimas empezaban a empaparme la cara; le dije al taxista que me llevase a Son Dureta, el hospital universitario de la seguridad social, diciéndole que tenía prisa; en el hall encontré a mi jefe, su esposa, varias personas más de la asociación y la novia de Amadú, una joven mallorquina, que estaba deshecha en llanto; saludé rápido y fui hasta ella, abrazándonos, ella solo murmuraba entre sollozos, que porque el, que no había hecho nada.

-Tranquila, le encontraran-pero realmente no lo pensaba; agresiones como aquellas a etnias de otros países; ocurrían todos los días y por desgracia no cogían casi nunca al desalmado.

-Voy a sacarte un café-dije yendo a la máquina, mientras mi jefe, venía tras de mí para hablarme:

-Amadú está muy mal-dijo en su español casi perfecto, pero con ese deje dulzón que tienen los senegaleses-No creo que se salve

-Pobre-saqué el café para Ana, la novia del joven senegalés que se debatía entre la vida y la muerte en una habitación de la UCI, conectado a decenas de tubos, que le ayudaban a no rendirse.

-Mira-me dijo mi jefe-Ya ha llegado la policía

Yo me volví hacia la puerta y vi caminar hacia nosotros a Javier Salgado; señor, que guapo era…vestía una gabardina sobre un pantalón y jersey negros y una bufanda le colgaba del cuello.

-Buenos días-dijo

-Inspector-dijo mi jefe-Dígame que sabe algo

-Siento no darle buenas noticias-hizo una pausa-Seguimos investigando, hemos encontrado algunas pruebas, pero temo que no sean definitivas.

-Vamos, que no tienen nada-dije yo, algo agresiva-Están matando a unos pobres chicos que han venido aquí a ganarse la vida y uds. No tienen pruebas definitivas

Suspiró y se dirigió a mi jefe, mientras yo me acercaba de nuevo a Ana; estaba furiosa, como podían suceder cosas así.

-Me han dicho que podré verle esta noche si ha mejorado un poco-me sonrió triste-No tiene familia aquí-se sonó y siguió hablando-Este verano queríamos irnos a vivir juntos; tenía un trabajo con contrato…las lágrimas interrumpieron su voz, que se quebró en un sollozo; yo solo pude abrazarla, que demonios se le dice a una persona en su situación?...siguió llorando hasta que llegó Salgado:

-Es usted Ana Díaz-se sentó a su lado

Ella asintió con la cabeza:

-Es su novia-pausa-Llevaban mucho tiempo juntos

-Ocho meses-dijo Ana bajito

-Le comentó si alguien le había amenazado, si le seguían, algo fuera de lo normal

Yo lo fulminé con la mirada, como podía tener tan poco tacto, porque no esperaba unos días? No se daba cuenta que aquella chica estaba destrozada?

-No ves que está deshecha-dije con rabia

-No, no-dijo ella-Estoy bien-pausa-No me dijo nada-pausa de nuevo-Creo que fue un ataque fortuito…el no está metido en líos…es un buen chico-y volvió a sollozar

Yo me levanté y enfrentando mi baja estatura a la altura del inspector, dije:

-No puedes tener un poco de tacto. Eres un bruto

-Soy policía, solo hago mi trabajo-dijo mordiendo las palabras-¿Qué te pasa conmigo?

-A mí nada.

-El otro día estabas encantadora, amable…hasta creí que…que te caía bien

-Y me caes bien, pero no me gusta tu trabajo, no me gustan los policías, no me gustan sus métodos…

-Hemos cambiado sabes?-sonrió, encendiendo un cigarrillo

-Aquí no se puede fumar-le dije-Vamos fuera

Salimos al frío invernal, yo me subí el cuello de mi abrigo y el se abrochó la gabardina

-Hace frío-dijo-Me gusta-pausa-Tal vez no es el momento, pero…hablaste con tu amiga…por lo del piso

-Sí, hace unos días, en cuanto tenga algo me llama-pausa-Voy a despedirme de mi jefe y de Ana-dije mirando mi reloj de pulsera-Hoy doy clases de español en el centro

-¿Y a qué hora terminas?

-A las siete y media

-Si no tienes plan, podemos cenar juntos

-He quedado con unos amigos-dije, pero hice una pausa-Ven con nosotros, estará bien. Recógeme a las nueve en mi casa-le sonreí guiñándole un ojo; él respondió a mi sonrisa

-Allí estaré

Me puse un vestido negro, cortito, con medias del mismo color y taconazos; a las nueve en punto, estaba en el vestíbulo de mi edificio, abriendo la puerta para salir a la acera y esperar a Javier, no tardó ni diez segundos; subí a su coche y enseguida percibí el perfume sutil de una buena colonia.

-Buenas noches-dije sonriendo

-Sube, que hace frío-dijo abriendo la puerta para que yo entrase-Estás preciosa

El trayecto fueron quince minutos, en los cuales pude apreciar que estaba recién afeitado, el pelo aún húmedo y que vestía camisa y corbata negra, bajo un abrigo del mismo color. Dejamos el coche en el parquin del restaurante y cuando me ayudó a salir del coche, me tendió el brazo y yo me colgué de él y entramos en el restaurante. Habían llegado casi todos, a Ester ya la conocía:

-Qué tal-saludó ella-Espero que no estés aún enfadado-dijo recordando la visita a la comisaría

Javier le dio dos besos y sonrió:

-Aunque sea madero, tengo sentido del humor

Y era cierto, cayó bien a todos mis amigos y la velada fue muy divertida, incluso hizo muy buenas migas con el último ligue de Ester, un periodista muy simpático.

Tras la cena fuimos a tomar unas copas a un local de salsa; a las chicas nos encantaba bailar salsa; sobre todo a Ester y a mí, que no paramos de bailar, con todo el mundo. Un momento en que me senté para tomar un trago de mi copa, Javier me dijo:

-Veo que te gusta bailar-rió-Y no lo haces mal

-¿Y tú, bailas, madero?

-Bastante mal-rió

-Anda vamos-sonreí mirándole fijamente a los ojos-Sólo tienes que dejarte llevar…por la música

Salimos a la pista y empezamos a bailar una rumba; realmente no era buen bailarín, pero le ponía ganas; yo en cambio, sin dejar de mirarle a los ojos, iba moviéndome sensual, buscando su aprobación en aquellos ojos tan bonitos; buscando un indicio de que le gustaba…indicio que llegó cuando me tomó de la cintura y me besó.

lunes, 4 de enero de 2010

buenas tardes, ya estoy aquí de nuevo, vamos con el tercer capitulo

Al cabo de tres días, tenían el informe de la autopsia, incluso tenían el nombre del chico muerto; otro senegalés probablemente, miembro de la asociación, en la que trabajaba Carmen; debía volver a hablar con ella; así que cogió unas fotos del muerto y salió hacia su trabajo, su compañero le dijo:

-No crees que estas fotos son un poco fuertes?

-Si sabe algo nos lo dirá-y arrancó rápido. Llegaron en unos veinte minutos y entraron en la oficina, donde les recibió Carmen Seguí. Con aquella sonrisa tan dulce, les indicó unas sillas y ese gesto, a Salgado le pareció encantador; y en ese mismo momento se arrepintió de lo que estaba a punto de hacer; pero aún así lo hizo; después de los saludos:

-Han encontrado a otro senegalés asesinado

-Dios mío-susurró Carmen, palideciendo

-Aún no le han reconocido, pero esperamos hacerlo pronto-hizo una pausa y ante la mirada reprobadora de su compañero, sacó las fotos y poniéndolas sobre la mesa, le dijo:- Tal vez le conozca

Carmen bajó la vista hacia las fotos, eran horrendas; se veía sangre por todas partes, la cara hinchada de los golpes, el cuerpo en posición antinatural; el estómago le dio un vuelco y palideciendo aún más, vomitó a los pies del inspector Salgado.

-¡Eres un animal!-le gritó su jefe-Con perdón de los animales-pausa-Cómo se te ocurrió tal barbaridad-dio un puñetazo sobre la mesa-Esa mujer no está implicada en este caso, no se la acusa de nada, pedazo de animal…si nos denuncia estará en todo su derecho-se sentó-Y tu, no supiste hacer nada

-Yo, jefe, lo…

-Callaros ya, sal Fernández-y señaló a Salgado-Tú quédate aquí. Cuando se cerró la puerta volvió a hablar:

-Realmente crees que esa pobre chica está implicada?

-Tanto no, pero creo que no nos ha contado toda la verdad

-¿Dónde está?

-En su casa, estaba muy afectada

-No me extraña!-gritó-Procura disculparte, si pone una denuncia tendré que sacarte del caso.

-De acuerdo-bufó saliendo del despacho, allí le esperaba su compañero:

-¿Y ahora que hacemos?

-Disculparnos-pausa-Vamos a su casa

-Yo conduzco-pausa-Subes tú que yo tengo que hacer un recado por la zona

-Susana te ha dado la lista de la compra?-rió Javier

-Que gracioso-subieron al coche y se dirigieron hacia la casa de Carmen, le abrió una enfadada Teresa que le espetó:

-Trae otras fotos para mi hermana?-pausa-O solo viene a fastidiar?

-Puedo pasar?-Teresa le indicó con el brazo y cerró tras él, Carmen estaba en una butaca, cubierta con una manta, tomando una infusión; lo miró con indignación:

-No ha tenido bastante-pausa-Puedo denunciarle también…

Javier se sentó frente a ella, con la cabeza baja

-Siento mucho lo que pasó, yo…no sé que me pasó…de verdad que lo siento

-Bien, ya se ha disculpado, puede irse-pausa-Ya ha cumplido

-¿Se encuentra bien?

-Lo estaré cuando se haya ido

El inspector se levantó y dijo bajito:

-De verdad que lo lamento. Espero que me perdone.

Cuando ya se iba la mujer habló:

-Puede ir a recoger su lista cuando quiera…

-Gracias-y salió cabizbajo. Teresa miró a su hermana:

-¿Por qué crees que lo hizo?

-Debe creer que yo se algo

-No le dijiste lo del tipo…

-Ni lo haré-sollozó-Has visto el cadáver…dios mío, no quiero acabar así

Teresa la abrazó, consolándola, mientras ella seguía llorando.

Era una noche sin luna, fría, había poca gente en la calle y la que había casi corría hasta sus casas al abrigo de las estufas. El joven andaba todo lo deprisa que le permitía su pesada mochila; llevaba las manos en los bolsillos y una bufanda envuelta que casi le tapaba la cara; unos metros antes del bloque de pisos donde vivía con otros tres jóvenes senegaleses; oyó que le increpaban:

-¡Eh, negrito, negrito!-era un chaval de no más de veinte años, pelo corto, jeans desteñidos y unas dr. Martens; sólo le faltaba llevar tatuado en la frente carne de cañón. Le acompañaban otros dos chicos, uno de ellos aún más joven

-¿A dónde vas tan deprisa?-le gritó otro

-Dejadme, por favor-dijo bajito el joven senegalés-Solo voy a mi casa

-Sólo queremos hablar contigo un ratito-sacó una navaja-Unas preguntitas y ya está

El senegalés estaba aterrado, solo pensaba en sus dos compatriotas muertos a manos de otros tipos como aquellos, a golpes…

-No llevo dinero

-¡No queremos tu puto dinero, negrito!. Queremos saber donde está la mercancía

-No sé nada-sollozaba

-Tú conocías a Diop, tienes que saber algo

Mientras le gritaban e increpaban, iban dándole golpes, patadas, hasta que uno de ellos, levantó la vista hasta un coche que había aparcado cerca, sin luces; hizo una seña y el coche le devolvió las luces.

-Por esta vez te salvas, negro de mierda…pero recuerda…sé quien eres-y le dio un empujón que lo tiró al suelo, el chico se levantó y echó a correr hasta su edificio.

El mismo chaval fue hasta el coche y se inclinó en la ventanilla, dentro un tipo a oscuras, y con guantes le dijo bajito:

-Esperemos unos días, si no aparece…matadle-y subió la ventanilla, mientras el chico llamaba a sus dos compinches y se perdían en la oscuridad.

Sonó el despertador a las 8:00h, Carmen lo paró, bostezó y salió de la cama hacia el cuarto de baño, donde se dio una ducha; envuelta en un albornoz fue hasta la cocina y se preparó un café y una tostada, que tomó sentada en la mesa del comedor, mirando el mar por la ventana; salió al balcón aspirando el aire del mar; le gustaba en calma, pero aún más cuando estaba algo movido, como esa mañana. Volvió a entrar y se vistió para irse a trabajar; se secó el pelo, se maquilló suavemente y tomando su bolso salió al rellano, tomó el ascensor y salió a la calle; eran las 8:35h, compró el periódico en el kiosco y cruzando la calle, enfiló hacia su trabajo; hacía frío y viento, pero le gustaba, aquel aroma a salitre, a mar, no podría vivir en ningún otro sitio que no fuese en Mallorca. Había vivido en muchas ciudades y en todas encontró cosas buenas, pero ninguna como su querida Palma. En quince minutos se plantó en el trabajo; habían pasado tres semanas desde la muerte de Medoune, el segundo senegalés que habían matado a golpes y todo estaba relativamente tranquilo; o eso creía porque aún no había abierto la puerta cuando oyó a su espalda llamarla por su nombre, se volvió y era el inspector Salgado:

-Vaya, usted de nuevo

-Buenos días-saludó él-¿Podemos hablar?

Carmen señaló hacia la oficina:-Entre

Se sentaron y el inspector sacó de nuevo su libretita:

-Hemos cogido a un tipo por un atraco; parece que se ajusta a la descripción que nos dio-consultó su libreta-Alto, fuerte, con aspecto de bruto…sonrió levemente

-No le vi muy bien-sonrió ella también-Así que no se si lo reconoceré-pausa-¿Tiene usted alguna foto…vivo o tengo que ir al depósito?-lo preguntó con ironía

Sacó un sobre de su chaqueta de piel y le tendió una foto:

-No sé que decirle-pausa-llevaba una capucha, y lo que realmente reconocería sería su voz

-Entonces lo mejor será una rueda de reconocimiento, le haremos hablar e intente reconocerle

-Si no hay más remedio-pausa-¿Tiene que ser ahora?

-Pues sería lo mejor

En diez minutos estaban en el coche del inspector, camino de la jefatura de policía. El inspector estuvo en silencio y Carmen lo miraba de reojo, pensando lo guapo que era y el tiempo que hacía que no salía con nadie; suspiró y eso hizo sonreír al policía y a Carmen le pareció aún más guapo…si cabía. Dios mío, necesitaba un novio ya!

Fueron hasta la sala de reconocimiento, y a cada uno se le hizo leer un papel, con la frase que el atracador le dijo a Carmen. Era el número seis, tenía los ojos cerrados y reconoció la voz, como si fuese la de un familiar…era él…pero no dijo nada, aunque el policía se percató de su repentino temblor; hizo que un agente la sacase y dijo a su compañero:

-Es él, te has fijado como temblaba…

-Sí, pero no lo ha reconocido

-Tiene miedo, la amenazó; tenemos que hacer algo

-Detenerla por obstrucción a la justicia?

-Por ejemplo, seguro que el juez Dávila, extendería una orden

-Por dios, Javier, te estás volviendo loco…esa chica está muerta de miedo y si la coaccionas será peor, déjale espacio…o sedúcela…pero no la presiones

El madero se mesó el rubio cabello y con una media sonrisa dijo:

-Tienes razón, esto me supera-bufó-Voy a llevarla al trabajo-Le dio un golpe amistoso a su compañero y salió de allí, llevándose a Carmen:

-La acompaño al trabajo

-No se moleste-dijo aún nerviosa-Puedo coger un taxi-miró su reloj-Ya son casi las tres, me iré a casa

-No se preocupe, la llevo

Subieron al coche y el inspector, al contrario de lo que creía Carmen, no mencionó el tema del tipo, sino que inesperadamente la invitó a comer:

-Si no tiene ningún compromiso

-No, no-sonrió ella-Hasta las cinco, voy a ayudar a mi hermana, tiene una tienda de antigüedades

-Estupendo. ¿Le gustan las tapas?

Era una cafetería en la Ciudad Jardín, con vistas al mar; comieron en la terraza acristalada; les sirvieron dos jarras de cerveza y una bandeja de marisco para ir picando:

-La poli puede beber de servicio?-preguntó sonriendo, coqueta

Javier miró su reloj, y dijo:

-Realmente ya he terminado mi turno-le guiñó un ojo-Vamos que se enfría

La comida fue distendida, entretenida; pidieron unos cafés y encendieron un cigarrillo, Javier exhaló el humo por nariz y boca y a Carmen le pareció de lo más sexy.

-¿Llevas mucho tiempo en la isla?

-Seis años-sonrió él-Pero me siento como en casa; ya tengo mi familia aquí conmigo

-¿Estás casado?-inquirió con una sonrisa de circunstancias

-No, no, mi hermano y su mujer, viven conmigo de momento, buscan piso, pero está difícil

-Tengo una amiga que es agente inmobiliaria-sonrió Carmen-Si quieres hablo con ella

-Eso sería genial-pausa-No pienses mal no es que no quiera vivir con mi hermano, pero…

-Te entiendo-rió

-Tienes una risa encantadora-dijo casi sin pensar-¿Otro café?

La dejó frente a la tienda de su hermana, sobre las cuatro y media

-Si quieres podemos tomarnos un café-dijo ella-aquí al lado hay un bar…

Salgado le sonrió encantador y salieron del coche; seguía haciendo frío y Carmen tuvo un estremecimiento, al inspector le gustó su vulnerabilidad y a punto estuvo de pasarle el brazo por los hombros. Tomaron café y les interrumpió Teresa, la hermana de Carmen.

-Bueno, te dejo-le dijo a Carmen-Buenas tardes-dirigiéndose a Teresa

-Bueno, y esos ojitos-rió Tere, al salir el policía

-Nada-rió también Carmen-Hemos comido juntos y me ha acompañado hasta aquí.

-Y, ya-se rió su hermana-Anda vamos-y salieron del bar.