lunes, 4 de enero de 2010

buenas tardes, ya estoy aquí de nuevo, vamos con el tercer capitulo

Al cabo de tres días, tenían el informe de la autopsia, incluso tenían el nombre del chico muerto; otro senegalés probablemente, miembro de la asociación, en la que trabajaba Carmen; debía volver a hablar con ella; así que cogió unas fotos del muerto y salió hacia su trabajo, su compañero le dijo:

-No crees que estas fotos son un poco fuertes?

-Si sabe algo nos lo dirá-y arrancó rápido. Llegaron en unos veinte minutos y entraron en la oficina, donde les recibió Carmen Seguí. Con aquella sonrisa tan dulce, les indicó unas sillas y ese gesto, a Salgado le pareció encantador; y en ese mismo momento se arrepintió de lo que estaba a punto de hacer; pero aún así lo hizo; después de los saludos:

-Han encontrado a otro senegalés asesinado

-Dios mío-susurró Carmen, palideciendo

-Aún no le han reconocido, pero esperamos hacerlo pronto-hizo una pausa y ante la mirada reprobadora de su compañero, sacó las fotos y poniéndolas sobre la mesa, le dijo:- Tal vez le conozca

Carmen bajó la vista hacia las fotos, eran horrendas; se veía sangre por todas partes, la cara hinchada de los golpes, el cuerpo en posición antinatural; el estómago le dio un vuelco y palideciendo aún más, vomitó a los pies del inspector Salgado.

-¡Eres un animal!-le gritó su jefe-Con perdón de los animales-pausa-Cómo se te ocurrió tal barbaridad-dio un puñetazo sobre la mesa-Esa mujer no está implicada en este caso, no se la acusa de nada, pedazo de animal…si nos denuncia estará en todo su derecho-se sentó-Y tu, no supiste hacer nada

-Yo, jefe, lo…

-Callaros ya, sal Fernández-y señaló a Salgado-Tú quédate aquí. Cuando se cerró la puerta volvió a hablar:

-Realmente crees que esa pobre chica está implicada?

-Tanto no, pero creo que no nos ha contado toda la verdad

-¿Dónde está?

-En su casa, estaba muy afectada

-No me extraña!-gritó-Procura disculparte, si pone una denuncia tendré que sacarte del caso.

-De acuerdo-bufó saliendo del despacho, allí le esperaba su compañero:

-¿Y ahora que hacemos?

-Disculparnos-pausa-Vamos a su casa

-Yo conduzco-pausa-Subes tú que yo tengo que hacer un recado por la zona

-Susana te ha dado la lista de la compra?-rió Javier

-Que gracioso-subieron al coche y se dirigieron hacia la casa de Carmen, le abrió una enfadada Teresa que le espetó:

-Trae otras fotos para mi hermana?-pausa-O solo viene a fastidiar?

-Puedo pasar?-Teresa le indicó con el brazo y cerró tras él, Carmen estaba en una butaca, cubierta con una manta, tomando una infusión; lo miró con indignación:

-No ha tenido bastante-pausa-Puedo denunciarle también…

Javier se sentó frente a ella, con la cabeza baja

-Siento mucho lo que pasó, yo…no sé que me pasó…de verdad que lo siento

-Bien, ya se ha disculpado, puede irse-pausa-Ya ha cumplido

-¿Se encuentra bien?

-Lo estaré cuando se haya ido

El inspector se levantó y dijo bajito:

-De verdad que lo lamento. Espero que me perdone.

Cuando ya se iba la mujer habló:

-Puede ir a recoger su lista cuando quiera…

-Gracias-y salió cabizbajo. Teresa miró a su hermana:

-¿Por qué crees que lo hizo?

-Debe creer que yo se algo

-No le dijiste lo del tipo…

-Ni lo haré-sollozó-Has visto el cadáver…dios mío, no quiero acabar así

Teresa la abrazó, consolándola, mientras ella seguía llorando.

Era una noche sin luna, fría, había poca gente en la calle y la que había casi corría hasta sus casas al abrigo de las estufas. El joven andaba todo lo deprisa que le permitía su pesada mochila; llevaba las manos en los bolsillos y una bufanda envuelta que casi le tapaba la cara; unos metros antes del bloque de pisos donde vivía con otros tres jóvenes senegaleses; oyó que le increpaban:

-¡Eh, negrito, negrito!-era un chaval de no más de veinte años, pelo corto, jeans desteñidos y unas dr. Martens; sólo le faltaba llevar tatuado en la frente carne de cañón. Le acompañaban otros dos chicos, uno de ellos aún más joven

-¿A dónde vas tan deprisa?-le gritó otro

-Dejadme, por favor-dijo bajito el joven senegalés-Solo voy a mi casa

-Sólo queremos hablar contigo un ratito-sacó una navaja-Unas preguntitas y ya está

El senegalés estaba aterrado, solo pensaba en sus dos compatriotas muertos a manos de otros tipos como aquellos, a golpes…

-No llevo dinero

-¡No queremos tu puto dinero, negrito!. Queremos saber donde está la mercancía

-No sé nada-sollozaba

-Tú conocías a Diop, tienes que saber algo

Mientras le gritaban e increpaban, iban dándole golpes, patadas, hasta que uno de ellos, levantó la vista hasta un coche que había aparcado cerca, sin luces; hizo una seña y el coche le devolvió las luces.

-Por esta vez te salvas, negro de mierda…pero recuerda…sé quien eres-y le dio un empujón que lo tiró al suelo, el chico se levantó y echó a correr hasta su edificio.

El mismo chaval fue hasta el coche y se inclinó en la ventanilla, dentro un tipo a oscuras, y con guantes le dijo bajito:

-Esperemos unos días, si no aparece…matadle-y subió la ventanilla, mientras el chico llamaba a sus dos compinches y se perdían en la oscuridad.

Sonó el despertador a las 8:00h, Carmen lo paró, bostezó y salió de la cama hacia el cuarto de baño, donde se dio una ducha; envuelta en un albornoz fue hasta la cocina y se preparó un café y una tostada, que tomó sentada en la mesa del comedor, mirando el mar por la ventana; salió al balcón aspirando el aire del mar; le gustaba en calma, pero aún más cuando estaba algo movido, como esa mañana. Volvió a entrar y se vistió para irse a trabajar; se secó el pelo, se maquilló suavemente y tomando su bolso salió al rellano, tomó el ascensor y salió a la calle; eran las 8:35h, compró el periódico en el kiosco y cruzando la calle, enfiló hacia su trabajo; hacía frío y viento, pero le gustaba, aquel aroma a salitre, a mar, no podría vivir en ningún otro sitio que no fuese en Mallorca. Había vivido en muchas ciudades y en todas encontró cosas buenas, pero ninguna como su querida Palma. En quince minutos se plantó en el trabajo; habían pasado tres semanas desde la muerte de Medoune, el segundo senegalés que habían matado a golpes y todo estaba relativamente tranquilo; o eso creía porque aún no había abierto la puerta cuando oyó a su espalda llamarla por su nombre, se volvió y era el inspector Salgado:

-Vaya, usted de nuevo

-Buenos días-saludó él-¿Podemos hablar?

Carmen señaló hacia la oficina:-Entre

Se sentaron y el inspector sacó de nuevo su libretita:

-Hemos cogido a un tipo por un atraco; parece que se ajusta a la descripción que nos dio-consultó su libreta-Alto, fuerte, con aspecto de bruto…sonrió levemente

-No le vi muy bien-sonrió ella también-Así que no se si lo reconoceré-pausa-¿Tiene usted alguna foto…vivo o tengo que ir al depósito?-lo preguntó con ironía

Sacó un sobre de su chaqueta de piel y le tendió una foto:

-No sé que decirle-pausa-llevaba una capucha, y lo que realmente reconocería sería su voz

-Entonces lo mejor será una rueda de reconocimiento, le haremos hablar e intente reconocerle

-Si no hay más remedio-pausa-¿Tiene que ser ahora?

-Pues sería lo mejor

En diez minutos estaban en el coche del inspector, camino de la jefatura de policía. El inspector estuvo en silencio y Carmen lo miraba de reojo, pensando lo guapo que era y el tiempo que hacía que no salía con nadie; suspiró y eso hizo sonreír al policía y a Carmen le pareció aún más guapo…si cabía. Dios mío, necesitaba un novio ya!

Fueron hasta la sala de reconocimiento, y a cada uno se le hizo leer un papel, con la frase que el atracador le dijo a Carmen. Era el número seis, tenía los ojos cerrados y reconoció la voz, como si fuese la de un familiar…era él…pero no dijo nada, aunque el policía se percató de su repentino temblor; hizo que un agente la sacase y dijo a su compañero:

-Es él, te has fijado como temblaba…

-Sí, pero no lo ha reconocido

-Tiene miedo, la amenazó; tenemos que hacer algo

-Detenerla por obstrucción a la justicia?

-Por ejemplo, seguro que el juez Dávila, extendería una orden

-Por dios, Javier, te estás volviendo loco…esa chica está muerta de miedo y si la coaccionas será peor, déjale espacio…o sedúcela…pero no la presiones

El madero se mesó el rubio cabello y con una media sonrisa dijo:

-Tienes razón, esto me supera-bufó-Voy a llevarla al trabajo-Le dio un golpe amistoso a su compañero y salió de allí, llevándose a Carmen:

-La acompaño al trabajo

-No se moleste-dijo aún nerviosa-Puedo coger un taxi-miró su reloj-Ya son casi las tres, me iré a casa

-No se preocupe, la llevo

Subieron al coche y el inspector, al contrario de lo que creía Carmen, no mencionó el tema del tipo, sino que inesperadamente la invitó a comer:

-Si no tiene ningún compromiso

-No, no-sonrió ella-Hasta las cinco, voy a ayudar a mi hermana, tiene una tienda de antigüedades

-Estupendo. ¿Le gustan las tapas?

Era una cafetería en la Ciudad Jardín, con vistas al mar; comieron en la terraza acristalada; les sirvieron dos jarras de cerveza y una bandeja de marisco para ir picando:

-La poli puede beber de servicio?-preguntó sonriendo, coqueta

Javier miró su reloj, y dijo:

-Realmente ya he terminado mi turno-le guiñó un ojo-Vamos que se enfría

La comida fue distendida, entretenida; pidieron unos cafés y encendieron un cigarrillo, Javier exhaló el humo por nariz y boca y a Carmen le pareció de lo más sexy.

-¿Llevas mucho tiempo en la isla?

-Seis años-sonrió él-Pero me siento como en casa; ya tengo mi familia aquí conmigo

-¿Estás casado?-inquirió con una sonrisa de circunstancias

-No, no, mi hermano y su mujer, viven conmigo de momento, buscan piso, pero está difícil

-Tengo una amiga que es agente inmobiliaria-sonrió Carmen-Si quieres hablo con ella

-Eso sería genial-pausa-No pienses mal no es que no quiera vivir con mi hermano, pero…

-Te entiendo-rió

-Tienes una risa encantadora-dijo casi sin pensar-¿Otro café?

La dejó frente a la tienda de su hermana, sobre las cuatro y media

-Si quieres podemos tomarnos un café-dijo ella-aquí al lado hay un bar…

Salgado le sonrió encantador y salieron del coche; seguía haciendo frío y Carmen tuvo un estremecimiento, al inspector le gustó su vulnerabilidad y a punto estuvo de pasarle el brazo por los hombros. Tomaron café y les interrumpió Teresa, la hermana de Carmen.

-Bueno, te dejo-le dijo a Carmen-Buenas tardes-dirigiéndose a Teresa

-Bueno, y esos ojitos-rió Tere, al salir el policía

-Nada-rió también Carmen-Hemos comido juntos y me ha acompañado hasta aquí.

-Y, ya-se rió su hermana-Anda vamos-y salieron del bar.

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