buenas tardes, ya estoy aquí de nuevo, vamos con el tercer capitulo
Al cabo de tres días, tenían el informe de la autopsia, incluso tenían el nombre del chico muerto; otro senegalés probablemente, miembro de la asociación, en la que trabajaba Carmen; debía volver a hablar con ella; así que cogió unas fotos del muerto y salió hacia su trabajo, su compañero le dijo:
-No crees que estas fotos son un poco fuertes?
-Si sabe algo nos lo dirá-y arrancó rápido. Llegaron en unos veinte minutos y entraron en la oficina, donde les recibió Carmen Seguí. Con aquella sonrisa tan dulce, les indicó unas sillas y ese gesto, a Salgado le pareció encantador; y en ese mismo momento se arrepintió de lo que estaba a punto de hacer; pero aún así lo hizo; después de los saludos:
-Han encontrado a otro senegalés asesinado
-Dios mío-susurró Carmen, palideciendo
-Aún no le han reconocido, pero esperamos hacerlo pronto-hizo una pausa y ante la mirada reprobadora de su compañero, sacó las fotos y poniéndolas sobre la mesa, le dijo:- Tal vez le conozca
Carmen bajó la vista hacia las fotos, eran horrendas; se veía sangre por todas partes, la cara hinchada de los golpes, el cuerpo en posición antinatural; el estómago le dio un vuelco y palideciendo aún más, vomitó a los pies del inspector Salgado.
-¡Eres un animal!-le gritó su jefe-Con perdón de los animales-pausa-Cómo se te ocurrió tal barbaridad-dio un puñetazo sobre la mesa-Esa mujer no está implicada en este caso, no se la acusa de nada, pedazo de animal…si nos denuncia estará en todo su derecho-se sentó-Y tu, no supiste hacer nada
-Yo, jefe, lo…
-Callaros ya, sal Fernández-y señaló a Salgado-Tú quédate aquí. Cuando se cerró la puerta volvió a hablar:
-Realmente crees que esa pobre chica está implicada?
-Tanto no, pero creo que no nos ha contado toda la verdad
-¿Dónde está?
-En su casa, estaba muy afectada
-No me extraña!-gritó-Procura disculparte, si pone una denuncia tendré que sacarte del caso.
-De acuerdo-bufó saliendo del despacho, allí le esperaba su compañero:
-¿Y ahora que hacemos?
-Disculparnos-pausa-Vamos a su casa
-Yo conduzco-pausa-Subes tú que yo tengo que hacer un recado por la zona
-Susana te ha dado la lista de la compra?-rió Javier
-Que gracioso-subieron al coche y se dirigieron hacia la casa de Carmen, le abrió una enfadada Teresa que le espetó:
-Trae otras fotos para mi hermana?-pausa-O solo viene a fastidiar?
-Puedo pasar?-Teresa le indicó con el brazo y cerró tras él, Carmen estaba en una butaca, cubierta con una manta, tomando una infusión; lo miró con indignación:
-No ha tenido bastante-pausa-Puedo denunciarle también…
Javier se sentó frente a ella, con la cabeza baja
-Siento mucho lo que pasó, yo…no sé que me pasó…de verdad que lo siento
-Bien, ya se ha disculpado, puede irse-pausa-Ya ha cumplido
-¿Se encuentra bien?
-Lo estaré cuando se haya ido
El inspector se levantó y dijo bajito:
-De verdad que lo lamento. Espero que me perdone.
Cuando ya se iba la mujer habló:
-Puede ir a recoger su lista cuando quiera…
-Gracias-y salió cabizbajo. Teresa miró a su hermana:
-¿Por qué crees que lo hizo?
-Debe creer que yo se algo
-No le dijiste lo del tipo…
-Ni lo haré-sollozó-Has visto el cadáver…dios mío, no quiero acabar así
Teresa la abrazó, consolándola, mientras ella seguía llorando.
Era una noche sin luna, fría, había poca gente en la calle y la que había casi corría hasta sus casas al abrigo de las estufas. El joven andaba todo lo deprisa que le permitía su pesada mochila; llevaba las manos en los bolsillos y una bufanda envuelta que casi le tapaba la cara; unos metros antes del bloque de pisos donde vivía con otros tres jóvenes senegaleses; oyó que le increpaban:
-¡Eh, negrito, negrito!-era un chaval de no más de veinte años, pelo corto, jeans desteñidos y unas dr. Martens; sólo le faltaba llevar tatuado en la frente carne de cañón. Le acompañaban otros dos chicos, uno de ellos aún más joven
-¿A dónde vas tan deprisa?-le gritó otro
-Dejadme, por favor-dijo bajito el joven senegalés-Solo voy a mi casa
-Sólo queremos hablar contigo un ratito-sacó una navaja-Unas preguntitas y ya está
El senegalés estaba aterrado, solo pensaba en sus dos compatriotas muertos a manos de otros tipos como aquellos, a golpes…
-No llevo dinero
-¡No queremos tu puto dinero, negrito!. Queremos saber donde está la mercancía
-No sé nada-sollozaba
-Tú conocías a Diop, tienes que saber algo
Mientras le gritaban e increpaban, iban dándole golpes, patadas, hasta que uno de ellos, levantó la vista hasta un coche que había aparcado cerca, sin luces; hizo una seña y el coche le devolvió las luces.
-Por esta vez te salvas, negro de mierda…pero recuerda…sé quien eres-y le dio un empujón que lo tiró al suelo, el chico se levantó y echó a correr hasta su edificio.
El mismo chaval fue hasta el coche y se inclinó en la ventanilla, dentro un tipo a oscuras, y con guantes le dijo bajito:
-Esperemos unos días, si no aparece…matadle-y subió la ventanilla, mientras el chico llamaba a sus dos compinches y se perdían en la oscuridad.
Sonó el despertador a las 8:00h, Carmen lo paró, bostezó y salió de la cama hacia el cuarto de baño, donde se dio una ducha; envuelta en un albornoz fue hasta la cocina y se preparó un café y una tostada, que tomó sentada en la mesa del comedor, mirando el mar por la ventana; salió al balcón aspirando el aire del mar; le gustaba en calma, pero aún más cuando estaba algo movido, como esa mañana. Volvió a entrar y se vistió para irse a trabajar; se secó el pelo, se maquilló suavemente y tomando su bolso salió al rellano, tomó el ascensor y salió a la calle; eran las 8:35h, compró el periódico en el kiosco y cruzando la calle, enfiló hacia su trabajo; hacía frío y viento, pero le gustaba, aquel aroma a salitre, a mar, no podría vivir en ningún otro sitio que no fuese en Mallorca. Había vivido en muchas ciudades y en todas encontró cosas buenas, pero ninguna como su querida Palma. En quince minutos se plantó en el trabajo; habían pasado tres semanas desde la muerte de Medoune, el segundo senegalés que habían matado a golpes y todo estaba relativamente tranquilo; o eso creía porque aún no había abierto la puerta cuando oyó a su espalda llamarla por su nombre, se volvió y era el inspector Salgado:
-Vaya, usted de nuevo
-Buenos días-saludó él-¿Podemos hablar?
Carmen señaló hacia la oficina:-Entre
Se sentaron y el inspector sacó de nuevo su libretita:
-Hemos cogido a un tipo por un atraco; parece que se ajusta a la descripción que nos dio-consultó su libreta-Alto, fuerte, con aspecto de bruto…sonrió levemente
-No le vi muy bien-sonrió ella también-Así que no se si lo reconoceré-pausa-¿Tiene usted alguna foto…vivo o tengo que ir al depósito?-lo preguntó con ironía
Sacó un sobre de su chaqueta de piel y le tendió una foto:
-No sé que decirle-pausa-llevaba una capucha, y lo que realmente reconocería sería su voz
-Entonces lo mejor será una rueda de reconocimiento, le haremos hablar e intente reconocerle
-Si no hay más remedio-pausa-¿Tiene que ser ahora?
-Pues sería lo mejor
En diez minutos estaban en el coche del inspector, camino de la jefatura de policía. El inspector estuvo en silencio y Carmen lo miraba de reojo, pensando lo guapo que era y el tiempo que hacía que no salía con nadie; suspiró y eso hizo sonreír al policía y a Carmen le pareció aún más guapo…si cabía. Dios mío, necesitaba un novio ya!
Fueron hasta la sala de reconocimiento, y a cada uno se le hizo leer un papel, con la frase que el atracador le dijo a Carmen. Era el número seis, tenía los ojos cerrados y reconoció la voz, como si fuese la de un familiar…era él…pero no dijo nada, aunque el policía se percató de su repentino temblor; hizo que un agente la sacase y dijo a su compañero:
-Es él, te has fijado como temblaba…
-Sí, pero no lo ha reconocido
-Tiene miedo, la amenazó; tenemos que hacer algo
-Detenerla por obstrucción a la justicia?
-Por ejemplo, seguro que el juez Dávila, extendería una orden
-Por dios, Javier, te estás volviendo loco…esa chica está muerta de miedo y si la coaccionas será peor, déjale espacio…o sedúcela…pero no la presiones
El madero se mesó el rubio cabello y con una media sonrisa dijo:
-Tienes razón, esto me supera-bufó-Voy a llevarla al trabajo-Le dio un golpe amistoso a su compañero y salió de allí, llevándose a Carmen:
-La acompaño al trabajo
-No se moleste-dijo aún nerviosa-Puedo coger un taxi-miró su reloj-Ya son casi las tres, me iré a casa
-No se preocupe, la llevo
Subieron al coche y el inspector, al contrario de lo que creía Carmen, no mencionó el tema del tipo, sino que inesperadamente la invitó a comer:
-Si no tiene ningún compromiso
-No, no-sonrió ella-Hasta las cinco, voy a ayudar a mi hermana, tiene una tienda de antigüedades
-Estupendo. ¿Le gustan las tapas?
Era una cafetería en la Ciudad Jardín, con vistas al mar; comieron en la terraza acristalada; les sirvieron dos jarras de cerveza y una bandeja de marisco para ir picando:
-La poli puede beber de servicio?-preguntó sonriendo, coqueta
Javier miró su reloj, y dijo:
-Realmente ya he terminado mi turno-le guiñó un ojo-Vamos que se enfría
La comida fue distendida, entretenida; pidieron unos cafés y encendieron un cigarrillo, Javier exhaló el humo por nariz y boca y a Carmen le pareció de lo más sexy.
-¿Llevas mucho tiempo en la isla?
-Seis años-sonrió él-Pero me siento como en casa; ya tengo mi familia aquí conmigo
-¿Estás casado?-inquirió con una sonrisa de circunstancias
-No, no, mi hermano y su mujer, viven conmigo de momento, buscan piso, pero está difícil
-Tengo una amiga que es agente inmobiliaria-sonrió Carmen-Si quieres hablo con ella
-Eso sería genial-pausa-No pienses mal no es que no quiera vivir con mi hermano, pero…
-Te entiendo-rió
-Tienes una risa encantadora-dijo casi sin pensar-¿Otro café?
La dejó frente a la tienda de su hermana, sobre las cuatro y media
-Si quieres podemos tomarnos un café-dijo ella-aquí al lado hay un bar…
Salgado le sonrió encantador y salieron del coche; seguía haciendo frío y Carmen tuvo un estremecimiento, al inspector le gustó su vulnerabilidad y a punto estuvo de pasarle el brazo por los hombros. Tomaron café y les interrumpió Teresa, la hermana de Carmen.
-Bueno, te dejo-le dijo a Carmen-Buenas tardes-dirigiéndose a Teresa
-Bueno, y esos ojitos-rió Tere, al salir el policía
-Nada-rió también Carmen-Hemos comido juntos y me ha acompañado hasta aquí.
-Y, ya-se rió su hermana-Anda vamos-y salieron del bar.

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