Allá voy con el cuarto capítulo, que espero que os guste:
Aquella noche no pudo dormir, se levantó a fumar un cigarrillo en el balcón; notando la fresca brisa marina; no podía dejar de pensar en el inspector Salgado. No solamente por su belleza física, sino porque empezaba a gustarle; le gustaba su sonrisa, su forma de hablarle, su sencillez…aunque él no parecía estar por la labor; era amable, educado, encantador…pero nada más…tal vez sólo era ella quien estaba interesada…apagó el cigarrillo y entró en la casa, a oscuras, cuando un rumor la hizo detenerse, escuchó atentamente…no era nada, tal vez el gato de su vecina, que se colaba de un balcón a otro y que alguna vez había encontrado en su cocina. Encendió una lamparilla y una mano rozó la suya, haciéndola gritar de miedo, una mano tapó su boca y oyó una risa en su oído:
-Lo estás haciendo muy bien, guapa-le susurró-Sigue así y no volverás a verme en tu vida-y le dio un beso en la mejilla; entonces notó una mano hacia su pecho, y una sonrisa de nuevo; aquella mano bajó hasta su cintura ante el terror de Carmen; pero no pasó de ahí, la tomó por las mejillas y le dio un beso en la boca diciéndole:
-Sigue así, preciosa-y salió como había entrado, sin hacer ruido, mientras Carmen, empezó a llorar, rodando hasta el suelo, donde se quedó temblando.
Había quedado con una amiga para comer, era la agente inmobiliaria, se llamaba Ester, y éramos amigas desde el colegio. Yo estaba bastante atemorizada y no quería hablar con mi hermana, así que decidí contárselo todo a ella:
-Tienes que hablar con la policía, ellos te protegerán-le dijo asustada-Por dios, dime que lo harás
-Ester, no lo sé-dije mientras apagaba mi cigarrillo-Y si no pueden hacer nada…prefiero no decir nada…y ya veremos
-Ya veremos?-pausa para encender un cigarrillo-Están matando gente…gente que tú conoces, pobres, que seguro no tienen culpa…habla con ese inspector
-Supongo que es lo que debería hacer-pero yo no estaba muy convencida de que fuese la mejor opción-Estoy muerta de miedo, no se si es peor decirlo o no.
Hizo una seña al camarero y nos trajeron otros dos cortados, mientras encendíamos el enésimo cigarrillo:
-Ya verás que te sentirás mejor-me dijo convencida
-Eso espero-hice una pausa-Me acompañarás?
-Claro, tonta-dijo riendo-Ahora mismo llamo al trabajo y digo que llegaré más tarde-tras hacer la llamada, inclinó la cabeza y con un tono de voz más bajo inquirió:-¿Y realmente es tan guapo?
Yo sonreí ampliamente:
-Aún más-y reímos las dos, a pesar de todo.
Salimos del restaurante y cogimos un taxi hasta comisaría, allí preguntamos por el inspector Salgado y en cuánto empecé a contárselo , su cara empezó a cambiar a marchar forzadas, estupefacción ante mi ocultación de detalles y enfado por mi insensatez…me echó una buena bronca que yo escuché sin interrumpirle; tras la cual, serenándose, empezó a preguntar:
-Quiero todos los detalles y esta vez palabra por palabra…todo…he dicho todo
Yo le relaté los hechos desde el día que me atacaron en la oficina, hasta la pasada noche, sin omitir nada; cuando llegué al punto en que me metió mano, ya estaba realmente furioso:
-Te mereces lo que te pasa-pausa en la que se mesó los cabellos-No, te mereces aún más…dios mío…estás loca…
Las dos sonreímos y se quedó estupefacto:
-Es que no dais importancia a nada? Os parece un juego?
Entonces Ester le dijo:
-Es que te hemos visto tan furioso…
-Que os ha hecho gracia
Las dos volvimos a sonreír:
-Pues sí-dijo Ester
Nos miró como si quisiese asesinarnos, bufó y salió de la sala de interrogatorios dando un portazo, dejándonos allí, sin poder contener la risa, provocado a buen seguro por los nervios y el miedo, pero risa al fin y al cabo. En unos minutos vino su compañero y nos dijo que podíamos irnos, que si necesitaban algo de mí, me avisarían; así que nos fuimos y cuando estábamos en la calle dije:
-Creo que nos hemos pasado
-Es que no he podido controlar la risa, normalmente no me pasa, no suelo reírme en la cara de la gente…-y rió de nuevo y yo le hice coro.
Salió de su casa para ir a trabajar, había encontrado trabajo en un supermercado, de reponedor, por lo menos trabajaría bajo techo, no vendiendo en la calle. Estaba contento, por fin tendría sus papeles en regla y podría traer a su madre, la pobre estaba muy enferma y en Senegal era difícil curarla.
-Vaya, que sonriente, negrito-era el chaval que hacía un par de noches le había agredido, con dos compañeros
-No quiero líos, me voy a trabajar
-Ya tienes curro, que bien-le sonrió cruel-Pero aún así, vas a tener líos-pausa-A mi jefe no le gusta tu actitud…además necesita lo que tu tienes…
-Ya te dije, yo no tengo nada, no sé nada-intentaba irse, pero el chaval lo cogió por un brazo
-No te creo, negrito. Tú eras amigo del negro…tienes que saber algo
-Yo no sé, y mi amigo tampoco sabía…él está muerto, pero él no sabía…
-Ya me estás hartando-le tomó del cuello de la chaqueta-La droga ha desaparecido, no estaba en casa de ninguno de tus amigos, así que tienes que tenerla tú
-No tengo nada, ni dinero, ni droga, ni sabía nada, por favor, necesito trabajar para mis papeles…
-Hemos tenido mucha paciencia contigo-y sacando una navaja, se la clavó en el estómago un par de veces y huyó de allí corriendo, dándolo por muerto.
Una mujer salió del portal del mismo edificio donde vivía el senegalés, ya era de noche y sacaba la basura, cuando a pocos metros, le pareció ver un bulto, se acercó y vio al joven, lleno de sangre, inerte, gritó y salió corriendo hacia el edificio, pidiendo ayuda.
-Esa mujer lo encontró-dijo un agente uniformado
-Gracias-contestó Salgado yendo hacia ella-Buenas noches, soy el inspector Salgado
-María Gómez-sollozó
-Ud. Fue quien le encontró
-Pobrecito, allí tirado como un perro-pausa-Llamé pidiendo auxilio y desde el teléfono de un vecino llamé a una ambulancia
-Hacía mucho que vivía aquí
-Unos siete meses, vivían otros dos chicos, pero uno se fue. Era muy simpático, nunca daba problemas. Cree que se salvará?
-Está muy grave-le sonrió-No vio ud. A nadie rondando, alguien que no fuese del barrio
-Lo siento, no vi a nadie, y tengo que sentarme, sufro de artrosis y no puedo estar más de pie
-Sí, por supuesto, un agente la ayudará-indicó señalando a una policía de uniforme, que la ayudó a llegar a su casa.
-Esperemos que se salve, sino…mierda! No tenemos nada sólido, nada a que agarrarnos…
-Esperemos unos días, si vive, algo nos podrá decir
-Si le han amenazado no dirá nada
-Inspector!-oyó como le llamaban, dándose la vuelta, vio a una policía que sostenía una navaja manchada de sangre
-Seguramente no tendrá huellas, pero llévelo a criminalística
-Sí, jefe-contestó al chica
-Tal vez el modelo de la navaja no se demasiado usual-dijo su compañero
-Esperemos
Recibí la noticia por teléfono, me la dio mi jefe en persona; Amadú estaba en el hospital, debatiéndose entre la vida y la muerte; colgué el teléfono y paré un taxi mientras las lágrimas empezaban a empaparme la cara; le dije al taxista que me llevase a Son Dureta, el hospital universitario de la seguridad social, diciéndole que tenía prisa; en el hall encontré a mi jefe, su esposa, varias personas más de la asociación y la novia de Amadú, una joven mallorquina, que estaba deshecha en llanto; saludé rápido y fui hasta ella, abrazándonos, ella solo murmuraba entre sollozos, que porque el, que no había hecho nada.
-Tranquila, le encontraran-pero realmente no lo pensaba; agresiones como aquellas a etnias de otros países; ocurrían todos los días y por desgracia no cogían casi nunca al desalmado.
-Voy a sacarte un café-dije yendo a la máquina, mientras mi jefe, venía tras de mí para hablarme:
-Amadú está muy mal-dijo en su español casi perfecto, pero con ese deje dulzón que tienen los senegaleses-No creo que se salve
-Pobre-saqué el café para Ana, la novia del joven senegalés que se debatía entre la vida y la muerte en una habitación de la UCI, conectado a decenas de tubos, que le ayudaban a no rendirse.
-Mira-me dijo mi jefe-Ya ha llegado la policía
Yo me volví hacia la puerta y vi caminar hacia nosotros a Javier Salgado; señor, que guapo era…vestía una gabardina sobre un pantalón y jersey negros y una bufanda le colgaba del cuello.
-Buenos días-dijo
-Inspector-dijo mi jefe-Dígame que sabe algo
-Siento no darle buenas noticias-hizo una pausa-Seguimos investigando, hemos encontrado algunas pruebas, pero temo que no sean definitivas.
-Vamos, que no tienen nada-dije yo, algo agresiva-Están matando a unos pobres chicos que han venido aquí a ganarse la vida y uds. No tienen pruebas definitivas
Suspiró y se dirigió a mi jefe, mientras yo me acercaba de nuevo a Ana; estaba furiosa, como podían suceder cosas así.
-Me han dicho que podré verle esta noche si ha mejorado un poco-me sonrió triste-No tiene familia aquí-se sonó y siguió hablando-Este verano queríamos irnos a vivir juntos; tenía un trabajo con contrato…las lágrimas interrumpieron su voz, que se quebró en un sollozo; yo solo pude abrazarla, que demonios se le dice a una persona en su situación?...siguió llorando hasta que llegó Salgado:
-Es usted Ana Díaz-se sentó a su lado
Ella asintió con la cabeza:
-Es su novia-pausa-Llevaban mucho tiempo juntos
-Ocho meses-dijo Ana bajito
-Le comentó si alguien le había amenazado, si le seguían, algo fuera de lo normal
Yo lo fulminé con la mirada, como podía tener tan poco tacto, porque no esperaba unos días? No se daba cuenta que aquella chica estaba destrozada?
-No ves que está deshecha-dije con rabia
-No, no-dijo ella-Estoy bien-pausa-No me dijo nada-pausa de nuevo-Creo que fue un ataque fortuito…el no está metido en líos…es un buen chico-y volvió a sollozar
Yo me levanté y enfrentando mi baja estatura a la altura del inspector, dije:
-No puedes tener un poco de tacto. Eres un bruto
-Soy policía, solo hago mi trabajo-dijo mordiendo las palabras-¿Qué te pasa conmigo?
-A mí nada.
-El otro día estabas encantadora, amable…hasta creí que…que te caía bien
-Y me caes bien, pero no me gusta tu trabajo, no me gustan los policías, no me gustan sus métodos…
-Hemos cambiado sabes?-sonrió, encendiendo un cigarrillo
-Aquí no se puede fumar-le dije-Vamos fuera
Salimos al frío invernal, yo me subí el cuello de mi abrigo y el se abrochó la gabardina
-Hace frío-dijo-Me gusta-pausa-Tal vez no es el momento, pero…hablaste con tu amiga…por lo del piso
-Sí, hace unos días, en cuanto tenga algo me llama-pausa-Voy a despedirme de mi jefe y de Ana-dije mirando mi reloj de pulsera-Hoy doy clases de español en el centro
-¿Y a qué hora terminas?
-A las siete y media
-Si no tienes plan, podemos cenar juntos
-He quedado con unos amigos-dije, pero hice una pausa-Ven con nosotros, estará bien. Recógeme a las nueve en mi casa-le sonreí guiñándole un ojo; él respondió a mi sonrisa
-Allí estaré
Me puse un vestido negro, cortito, con medias del mismo color y taconazos; a las nueve en punto, estaba en el vestíbulo de mi edificio, abriendo la puerta para salir a la acera y esperar a Javier, no tardó ni diez segundos; subí a su coche y enseguida percibí el perfume sutil de una buena colonia.
-Buenas noches-dije sonriendo
-Sube, que hace frío-dijo abriendo la puerta para que yo entrase-Estás preciosa
El trayecto fueron quince minutos, en los cuales pude apreciar que estaba recién afeitado, el pelo aún húmedo y que vestía camisa y corbata negra, bajo un abrigo del mismo color. Dejamos el coche en el parquin del restaurante y cuando me ayudó a salir del coche, me tendió el brazo y yo me colgué de él y entramos en el restaurante. Habían llegado casi todos, a Ester ya la conocía:
-Qué tal-saludó ella-Espero que no estés aún enfadado-dijo recordando la visita a la comisaría
Javier le dio dos besos y sonrió:
-Aunque sea madero, tengo sentido del humor
Y era cierto, cayó bien a todos mis amigos y la velada fue muy divertida, incluso hizo muy buenas migas con el último ligue de Ester, un periodista muy simpático.
Tras la cena fuimos a tomar unas copas a un local de salsa; a las chicas nos encantaba bailar salsa; sobre todo a Ester y a mí, que no paramos de bailar, con todo el mundo. Un momento en que me senté para tomar un trago de mi copa, Javier me dijo:
-Veo que te gusta bailar-rió-Y no lo haces mal
-¿Y tú, bailas, madero?
-Bastante mal-rió
-Anda vamos-sonreí mirándole fijamente a los ojos-Sólo tienes que dejarte llevar…por la música
Salimos a la pista y empezamos a bailar una rumba; realmente no era buen bailarín, pero le ponía ganas; yo en cambio, sin dejar de mirarle a los ojos, iba moviéndome sensual, buscando su aprobación en aquellos ojos tan bonitos; buscando un indicio de que le gustaba…indicio que llegó cuando me tomó de la cintura y me besó.

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