viernes, 8 de enero de 2010

Ya estoy aquí otra vez…espero no aburriros mucho…allá voy con el quinto capitulo



Era un sábado soleado de invierno y a mí me pareció un día maravilloso, sobre todo al darme la vuelta en la cama y encontrar al inspector Salgado, durmiendo junto a mí. Había sido una noche inolvidable, Javier había resultado ser un buen amante, apasionado y pendiente de mí. Por eso cuando me miré en el espejo la sonrisa me corría de oreja a oreja; empecé a lavarme los dientes cuando Javier entró en el baño, desnudo, algo despeinado y soñoliento, me tomó por la cintura y me dio un beso en la nuca, tras lo que se metió en la ducha, diciendo que aunque era sábado, tenía trabajo en comisaría.

-Lo siento, guapa-me dio una palmadita en el culo y empezó a ducharse mientras yo fui a preparar un poco de café, que nos tomamos de pie, en la cocina, mientras volvía a besarme y con una sonrisa, prometía llamarme en cuanto pudiese desocuparse.

Yo miré el reloj, aún era temprano, así que también tomé una ducha y después, me senté frente al ordenador para ver mi correo; me vestí y llamé a Ana, para preguntarle por Amadú, ya que estando en UCI, no podíamos visitarle. Seguía grave, y los médicos aún temían por su vida…mierda!, que injusta era la vida; yo parecía haber encontrado alguien especial y el pobre chaval entre la vida y la muerte, mientras su novia esperaba un milagro. Cogí el teléfono y llamé a mi hermana, no tenía ganas de cocinar, así que autoinvité; salí de casa, en una panadería cercana, compré unos pasteles y fui a casa de mi hermana. Carlos había salido a correr; así que las dos solas, en la cocina, frente a unas cervezas y unas aceitunas, empecé a contarle lo de la noche anterior.

-Vaya, así que no es tan borde como parecía-rió mi hermana

-Ha sido encantador-hice una pausa y encendí dos cigarrillos pasándole uno a mi hermana-Aunque esta mañana tenía que trabajar

-¿Vas a verle esta tarde?

-Supongo-pausa-Me llamará cuando pueda…si me llama

-Claro, tonta-rió Teresa-Ahora llega Carlos-dijo al oír la puerta-Estamos en la cocina

Entro Carlos, sudoroso, besó a mi hermana en los labios y a mí en la mejilla:

-Voy a ducharme-y salió de la cocina, guiñando un ojo a mi hermana

-¿Qué vas a hacer de comer?-pregunté, para cambiar de tema

-Paella-me contestó con una sonrisa

Estábamos tomando café, cuando sonó mi móvil, era Javier, se le había complicado el día y no podríamos vernos

-Mañana te llamo, guapa-me dijo-Besos

-Besos-contesté y colgué el teléfono, algo en mi cara le demostró a mi hermana que no estaba contenta

-Te pasa algo-no era una pregunta, era una afirmación

-Se le ha complicado el día, me llamará mañana-lo dije bajito, casi con tristeza

-Estás bien?-inquirió Carlos

-Sí, sí-intenté sonreír-Una tarde de tiendas y lista

El inspector Salgado, cortó la llamada y se quedó mirando el móvil, lo dejó sobre la mesa y encendió un cigarrillo; no le gustaba lo que estaba haciendo, porque había hecho caso a su compañero? “esa chica está muerta de miedo, déjale espacio…o sedúcela…pero no la presiones” eso era lo que había hecho, seducirla…para qué? Ya le había contado todo lo sucedido, la amenaza del matón, como entró en su casa…no sabía nada más, o es que esperaba que volviesen a amenazarla para coger a ese tipo…eso era lo más rastrero que había pensado en su vida…y lo peor era que estaba a punto de hacerlo, estar cerca para descubrir más cosas…dios mío, era un cerdo, Carmen era una buena chica…

-Necesito resolver el caso-se dijo bajito, como si aquello lo justificase todo.

En ese mismo momento sonó su teléfono, le llamaban de comisaría, el joven senegalés Amadú, parecía haber salido de la extrema gravedad, y lo habían pasado a planta esa misma tarde.

-Voy para allá-se puso una chaqueta y salió de su casa, tomando el coche hasta Son Dureta. Allí haciendo uso de su placa, entró a ver al joven. Su novia estaba allí, en una butaca, velando su sueño. Le habló bajito:

-No le moleste, aún está muy mal.

-Cuando se despierte necesito hablar con él, sin su testimonio, no cogeremos a los bestias que le hicieron esto.

-Lo sé-dijo Ana-Pero ahora no puede hablar

Salgado le tendió una tarjeta y le escribió en el anverso su número de móvil:

-Este es mi numero privado, llámame es urgente

Ana le sonrió levemente y Salgado salió de la habitación, estaba nervioso, si aquel joven no podía decirles nada, el caso se iría a la mierda, no cogerían a nadie y se archivaría sin resolver…mierda! Miró su reloj de pulsera, eran casi las ocho, así que fue hasta la cafetería para comer algo; pensaba pasar allí la noche por si sucedía el milagro. Tomó el café para llevar y se sentó en una butaca, en el pasillo, cerca de la habitación del joven Amadú y con un periódico, se dispuso a esperar.

Al día siguiente, después de pasar el médico; el cual le dijo que ni hablar de interrogatorios, y que aunque fuese policía, le echaría de la planta:

-Oiga, doctor, necesito...

-Y mi paciente necesita reposo; me importa un bledo que sea ud policía, puedo hacer que le echen

-Eso habría que verlo

-Ustedes no cambian nunca, verdad-sonrió irónico-siguen siendo una panda de violentos caciques que usan su placa para intimidar, cerdos-casi escupió, yendo pasillo abajo para visitar a otros pacientes.

El inspector Salgado, se mesó los cabellos y al pasarse la mano por el mentón, se dio cuenta de que necesitaba un buen afeitado, una ducha…y tal vez unas horas de sueño; entró a decirle a Ana que se iba unas horas y salió de la planta, rumbo a su casa, donde tras una ducha reparadora, se echó a dormir.

-No tenemos nada-dijo el hombre haciendo una pausa-Tres negros muertos y no hemos conseguido encontrar ni la droga ni el dinero

-Tienen que…

-Cállate-encendió un habano y tras exhalar el humo siguió hablando-Hay que registrar la casa del último negro…a fondo, esperáis a que su compañero se largue; poned especial atención en las cosas del muerto, el tal Diop, encontradlo…aunque tengáis que levantar los cimientos…

-Sí, no se preocupe-dijo el joven de las dr. Martens-salió del coche y se perdió entre unas callejuelas.

El hombre que estaba sentado en el asiento trasero, dio una dirección al chófer y cogió su teléfono móvil para hacer una llamada

-Soy yo-dijo sin más-Ve hasta la asociación, allí le dices que necesitas alguien para el servicio, y procuras que te de la dirección de la joven-pausa-Ella puede que sepa algo-y colgó

Carmen estaba sentada frente a su ordenador, trabajando, cuando entró en la oficina un hombre bien trajeado, oliendo a perfume caro:

-Buenos días-saludó cortés

-Buenos días, siéntese-le indicó una silla frente a su mesa

-Hace poco que mi esposa y yo nos hemos mudado a Palma y necesito personal de servicio, me han dicho que ustedes pueden ayudarme

Carmen sonrió profesional:

-Lo que hacemos es proporcionarle una entrevista, aquí mismo, nosotros solo mediamos, entre ustedes queda el tipo de contrato y el sueldo

El hombre sonrió, encantador:

-Pero sí podrá aconsejarme

Carmen sonrió también:

-Eso sí, dígame que personal necesita y yo veré de conseguirle buena gente.

-Limpieza, jardín, nada especial, pero que sean serias, yo viajo mucho y mi esposa está poco tiempo en casa-hizo una pausa-Una vecina nos dijo que tenía una chica externa de la que estaba muy contenta…cerró los ojos en gesto pensativo-Sofie, creo que dijo

-Tenemos varias-sonrió Carmen

-Veinte años, soltera, vive con su hermano

-Ah, sí-pausa-Veré si tiene disponibilidad

-Estaría muy agradecido-volvió a sonreír, sacando una tarjeta de su bolsillo-Aquí puede localizarme

Carmen echó un vistazo:

-De acuerdo, señor Velasco-se levantó, apretando la mano que le tendió y acompañándole a la puerta-Buenos días

-Un placer

Dos horas después había localizado a Sofie y a otras dos chicas que buscaban trabajo y a dos jóvenes para el jardín; habían quedado en pasarse por la oficina para la entrevista, que se realizaría en dos días, cosa que agradó al señor Velasco; quien hizo una llamada desde su coche:

-Todo listo-pausa-Dos días-y colgó. Se dirigió a su chófer:-A casa

-Bien, señor-y puso rumbo a las afueras de la ciudad.

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